12 de abril de 2010

La dignificación de las profesiones

“Tres son las cosas que hacen a los hombres buenos y virtuosos: la naturaleza, la costumbre y la razón. Lo primero que se precisa es que la naturaleza lo haga nacer hombre y no animal; también es necesario que ella le otorgue cualidades del alma y del cuerpo. Algunas de estas cualidades no son de ninguna utilidad, pues la costumbre las cambia y modifica. Es la costumbre, en efecto, lo que desarrolla las cualidades naturales, dándoles una tendencia al bien o al mal”.

Aristóteles, filósofo y científico griego (384-322 a. C.)


Este artículo se aproxima a una mirada inicial sobre la toma de conciencia de las implicaciones y responsabilidades adquiridas por los profesionales en el ejercicio de su actividad o de su actuación.

Las profesiones y los profesionales, de todas las áreas del conocimiento, ocupan un lugar significativo en el mundo social, pues aportan bienes y servicios que requiere la sociedad. Su desempeño y actuación están siempre en la mira de los sectores, grupos e individuos. Tal actividad profesional de cualquier carrera está sujeta a normas de carácter ético o deontológico. Es decir, todos tenemos deberes que son mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad.

En consecuencia, se espera que la actuación de los profesionales sea guiada por los múltiples valores humanos, pero con especial énfasis el valor de la dignidad, es decir, el que nos hace ser valiosos, estimables, dignos de ser honrados y respetados que, en la ausencia de este valor, difícilmente podremos convivir en una comunidad de manera armónica y pacífica.

Hoy en día el concepto de dignidad se ve sistemáticamente ignorado por una minoría de individuos en el ejercicio de su profesión, mientras existan prácticas cotidianas de abuso de autoridad, indiferencia de gobernantes y legisladores frente a la delincuencia y la corrupción, autoridades y familias implicadas en el abuso sexual de niños y otras muchas situaciones sociales problemáticas, se hace urgente, por una parte, que la educación, como principal opción de cambio entre los hombres, mantenga una clara finalidad: evitar la deshumanización y favorecer la creación de un humano sensible, comprometido con sus semejantes y consigo mismo; y por otra parte, de los profesionales se espera que en el ejercicio de su profesión no sean guiados por el ánimo de lucro y del poder, sino por el altruismo, por una orientación al servicio de la colectividad, personas que sean capaces, en cooperación con otros, de construir el orden social que hace posible la vida digna para todos.

Prueba de lo anterior, son las historias de eventos o situaciones que cada uno de nosotros hemos vivido o hemos conocido, bien sea de manera cercana o por referencias de otros, sobre las actuaciones de los profesionales de nuestra ciudad y del mundo. A manera de ilustración sobre esta preocupación, es conocido por todo nuestro país, la indolencia, laxitud y deshumanización de las personas o entes del sistema jurídico que manejan los casos de abuso sexual de menores en Colombia. Es tal la ignorancia y la falta de criterio profesional de los encargados de recibir las denuncias de niños abusados, que interpretan como maliciosas o como producto de la imaginación las historias relatadas por los niños víctimas y en algunos casos la benevolencia que tienen para el abusador, de simplemente penalizarlo con terapias de rehabilitación o sueltos en las calles haciendo fiesta de su virilidad. Miles de familias víctimas se desangran por no encontrar eco y sapiencia en los profesionales encargados de estos casos. Es un problema social que pone a prueba a todas las profesiones y profesionales de nuestra sociedad.

Otras situaciones de lesión a la dignidad humana, también son referidas con alta frecuencia, sobre la atención medico paciente-familia de los servicios de urgencias de salud. La llegada de un paciente nuevo se convierte en feriar, a cuál de los médicos de turno, le gusta manejar la enfermedad que acaba de llegar. El único mediador es el tiempo eterno que transcurre mientras es trasladado el paciente a un equipo de alta tecnología para que defina su diagnóstico. El médico sólo aparece para dar de alta al paciente y remitirlo a otro centro asistencial. El servicio ofrecido por el personal de salud, es en sí mismo un valor pero desdibujado por algunos como un favor, cuyo valor está representado, en el ánimo de lucro y en el cumplimiento de la exigencia de la institución que lo contrata, de inflar las cifras de cobertura. ¿Será que la educación médica no ha formado a algunos para encontrar al hombre en su paciente?

Hay un compromiso profesional que hace necesario rescatar nuestros verdaderos valores donde no sólo prime el conocimiento específico de la profesión. Es necesario acompañarla de nuestras virtudes, las cuales no estaremos dispuestos a negociar.

Respetar, dignificar, saber-sabiduría, son conceptos estrechamente relacionados, son valores indisolubles e indestructibles. Tomemos acciones para rescatar la humanización de nuestras profesiones, donde no quepan la soberbia, la insensibilidad, la incompetencia, ni las irresponsabilidades, ni la injusticia.


2 comentarios:

  1. Buenos días Dra. Rebeca Muy buen articulo pero que bueno que también escribirá un poco sobre los otros oficios, y no solamente las profesiones porque cuentan con un título como respaldo de que se es profesional, pero también debemos tener en cuenta los diferentes oficios que a diario desempeñamos algunos de nosotros que casi nunca se tienen en cuenta, porque para algunas personas nuestro trabajo no es calificado, me refiero a, barrer, trapear, cargar cajas y todos esos oficios que hacen que muchas personas nos miren por encima del hombro, que sería del mundo si todos fuéramos profesionales, quien sembraría, quien recogería las cosechas , quien lavaría la ropa y quien la aplancharía, y eso son solo unos cuantos oficios que desempeñamos los de oficios varios o servicios generales, labores que no se tienen en cuenta para celebrarles un día en especial, como el día de la secretaria, el día del ingeniero y así por el estilo, ningún oficio es demeritorio porque todos buscamos un bien común y no solamente para la empresa a la cual le estamos prestando el servicio, sino también de forma personal porque de ese oficio o de esa profesión también dependen las personas que tenemos a nuestro cargo como nuestros hijos nuestra esposas, y todas esas personas que dependen de nosotros, y nuestro salario, y que una persona por su intolerancia les quite ese apoyo del cual dependen porque al dejar a esa persona sin ese sustento todos quedan en la incertidumbre y con todos esos planes de superación tirados por el piso, aun sabiendo de la persecución de la cual se es víctima, pero como dicen la cuerda se revienta por el lado más delgado.

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  2. Respetar, dignificar, saber-sabiduría, son conceptos estrechamente relacionados, son valores indisolubles e indestructibles. Tomemos acciones para rescatar la humanización de nuestras profesiones, donde no quepan la soberbia, la insensibilidad, la incompetencia, ni las irresponsabilidades, ni la injusticia.
    Eso está muy bien pero en el papel, porque también el ser el saber y el servir no solo debería de ser un lema si no también una actitud, porque esas frases debemos ponerlas en práctica en el diario vivir, para que con esas actitudes hagamos sentir bien a todas esas personas que nos rodean y con las cuales compartimos tantos momentos de nuestra vidas y no solamente en nuestro trabajo también en nuestros hogares, el ser refleja lo que somos como personas, el saber es compartir nuestro conocimiento con nuestros semejantes, Servir es repartir alegría, es infundir fe, estima, admiración, respeto, gratitud, sinceridad, honestidad, libertad, optimismo, confianza, y esperanza. Servir es dar más de lo que recibimos en la vida y de la vida.
    Y en lo que más pecamos y por exceso es en la injusticia, la soberbia, y la insensibilidad, porque no nos ponemos en los zapatos del otro para saber que se siente estando en su lugar, porque no pensamos que vallamos a caer, pensamos que siempre vamos a estar arriba de los demás y solo cuando estamos abajo o cuando perdemos lo que tenemos es cuando nos damos cuenta cuán importante era para nuestras vidas, y no solo lo material sino también las personas, y a veces la vida nos da otra oportunidad de recuperar lo perdido, en muy pocas veces pero nos la da y solo así aprendemos a cambiar la injusticia por la sabiduría, la soberbia por humildad, la insensibilidad por la comprensión.

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