28 de abril de 2010

Convivencia en dos dimensiones

Cuando se habla de ciudadanía, organizaciones, empresas, universidades, está implícito que se habla de un sistema social donde las relaciones formales (reglas, acuerdos, políticas) y las relaciones informales, como cruzar la calle o departir en la cafetería dan lugar a la formación de capital social cuya base o sustento se construye con la creación de confianza.

Para crear confianza es necesario trabajar en el terreno más común y al acceso de todos, hace parte del día a día, es LA CONVIVENCIA. Específicamente es importante hacer énfasis en una convivencia en dos dimensiones, teniendo en cuenta que es lo primero que se aprende siendo niños y que no cambia al aterrizar en la realidad de los adultos; dichas dimensiones son las mismas del plano cartesiano: arriba-abajo, izquierda-derecha, adelante-atrás. De lo anterior se sugiere dejar la tercera dimensión 3D para el cine y la televisión: Por tanto al hablar de convivencia en dos dimensiones se propone tener algunas consideraciones antes de tomar una decisión, que podrían ser a partir de la matemática o la física del colegio, por ejemplo:

1.Si un carro va a 40 km por hora en una zona urbana (rápido), un peatón va a 5 km por hora (buen paso) y un ciclista (si es en pendiente) va a 12 km por hora y todos se encuentran en un cruce compuesto por una vía de 7 metros de ancho, entonces el peatón se demora 5 segundos en cruzar, el ciclista 2,1 segundos y el vehículo 0,63 segundos. De lo anterior, el conductor que se supone va cómodo en el vehículo gastaría máximo 4,37 segundos en dejar pasar al peatón y en realidad 2,19 segundos mientras el peatón le deja libre la mitad de la vía. Por tanto, surge la pregunta: ¿Para ahorrar un minuto se justifica adelantarse a 15 peatones diferentes en 15 cruces viales?

2.Otra pregunta: Si el máximo tiempo que dura un semáforo en cambiar es de un minuto y medio y al pasar en amarillo usted llega al semáforo siguiente en rojo, ¿ cuánto tiempo se ahorró?

3.La última: si usted se monta a un ascensor antes de que se bajen quienes deben hacerlo, o igual en el transporte público, ¿qué beneficio en tiempo obtiene?

Cabe agregar que habría que desprenderse de prejuicios, también aprehendidos, donde la competencia implícita en las decisiones hace que la convivencia no sea el objetivo común y adicionalmente hace que algunas personas crean que las reglas de comportamiento urbano restringen la libertad, donde la verdadera libertad debería entenderse como desarrollo del potencial humano, según Amartya Sen.

19 de abril de 2010

¡MÁS DEBATE EN LAS CAMPAÑAS!

Quizás sea esta la campaña presidencial más corta e intensa de los últimos cincuenta años en Colombia, como consecuencia del dilatado proceso que finalmente descartó la posibilidad de una nueva reelección. Además, se adelanta con un amplio abanico de candidatos de diferentes corrientes políticas e ideológicas y de variado estilo personal y trayectoria académica, profesional y política.

Sin dejar de reconocer el esfuerzo por parte de los medios de comunicación para reunir al mayor número de candidatos con un mínimo de preferencia de voto, según las encuestas de opinión, no se han presentado verdaderos debates que permitan marcar una clara diferencia en sus ideas y programas de gobierno, en lo cual ha incidido tanto los temas planteados como la metodología utilizada.

En pocas semanas se han presentado cambios significativos en las campañas, como la unión de Fajardo con Mockus y es posible que se presenten nuevas alianzas a favor de los candidatos que lideran las encuestas. Esta situación hace más evidente la necesidad de que exista la suficiente claridad de los candidatos frente a la ciudadanía, sobre cuáles son las ideas, argumentos y programas que los identifica después de unir fuerzas en objetivos que antes consideraban imposibles de conjugar; pero también para conocer los elementos sustanciales que los diferencia inequívocamente de los demás candidatos.

Este proceso electoral, a diferencia de los anteriores, ofrece una valiosa oportunidad para enriquecer su calidad al educar al ciudadano común en el responsable uso del derecho al voto, en el respeto mutuo entre los candidatos y en subir el nivel del debate con ideas claras, concretas y argumentadas en los temas importantes para el país. Hay que bajarle peso a la elección del candidato con mejor imagen y aumentar en forma sólida la decisión basada en las ideas, programas e integridad de las personas que gobernarán el país.

Pero de lo expuesto hasta ahora en las campañas no ha sido posible tener tal claridad, debido a la tendencia tan plana que se ha conservado en los debates. Existen temas esenciales para el progreso y bienestar general del país que hasta ahora no se han tratado o se ha hecho en forma muy general y superficial, algunos de los cuales se han mencionado en esta columna.

Problemas como la transformación de nuestra economía para ser más competitiva en el mundo; los altos niveles de desempleo, pobreza e indigencia que persisten desde hace años; el mantenimiento de un sano manejo económico del Gobierno Central; la cobertura, calidad y sostenibilidad del sistema de salud; la creciente criminalidad y violencia en las ciudades, a la par de la ineficacia y baja calidad del sistema judicial; y el progresivo deterioro ambiental, merecen mayor atención.

Y, ligado a lo anterior, el papel que deben jugar aspectos como la educación de calidad con cobertura creciente; el fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación; el desarrollo de la infraestructura física adecuada, especialmente de transporte; la definición de la vocación económica que permita orientar la inversión necesaria para la creación de nuevas empresas y de nuevos productos y servicios; y el fortalecimiento de la institucionalidad en los diversos órdenes del Estado.

Es hora de que los candidatos planteen soluciones con propuestas coherentes y bien fundamentadas que deriven en firmes compromisos sociales, permitan esbozar políticas de Estado que trasciendan un período de gobierno y faciliten el encuentro de puntos comunes esenciales para cimentar las bases en la construcción de una sociedad más desarrollada, justa, equitativa y en armonía con el medio ambiente. ¡Ojalá que en el mes y medio faltante, los candidatos y los medios de comunicación sean conscientes del gran paso que el país podría dar en su madurez electoral!

Publicado en El Colombiano, 19 de abril de 2010.

16 de abril de 2010

La Planeación

La planeación es un concepto propio del hombre, lo diferencia de los demás seres en este mundo, pues somos los únicos en el planeta que podemos desarrollar un pensamiento a largo plazo. Aun así no todos tenemos dicha noción interiorizada de igual manera, somos humanos. Podríamos entenderla como un arte, pues es una habilidad especial en ciertas personas, tal como en la estética, donde es fácil comprender el concepto de belleza, mas puede no ser tan sencillo hacer una obra de arte, en este caso puede resultar simple comprender la importancia de la planeación, pero no tanto el ser previsivos.

Planear nuestro actuar tiene fundamentos muy fuertes sobre los cuales reposa su utilidad, y entre ellos se encuentra la eficiencia, sed de la humanidad en nuestros días. La sociedad moderna reclama eficiencia en todos sus ámbitos; es claro como en los trabajos se trabaja por competencia, que no es otra cosa que desempeñar la misma función con el mínimo de recursos, igualmente en la industria, donde los adelantos tecnológicos no buscan otra cosa que reducir tiempos y materiales. Inclusive nuestro planeta demanda la eficacia de los procesos, castigándonos con las consecuencias ambientales, al no darle buen uso a todo aquello que nos ofrece.

De acuerdo a un concepto moderno de racionalidad, donde esto significa alcanzar el objetivo buscado lo más eficientemente posible; una ideología con toda la lógica que demandamos en nuestros días. La respuesta a este ideal está en la previsión de nuestros actos, en buscar beneficio en cada una de las consecuencias y repercusiones que traigan nuestras acciones.

La planeación es un concepto muy ligado hoy en día a las grandes ciudades, donde es necesario ser previsivos con el fin de fomentar el progreso ante condiciones desfavorables como la saturación del espacio y la falta del mismo. Sin embargo es una realidad muy determinada por la cultura, y nuestros pueblos latinoamericanos no han sido propiamente idóneos en este sentido, pues en la condición de países en vía de desarrollo, la previsión aún no es nuestra insignia. Las culturas de la periferia tienen un interés colectivo claro, dar a nuestra población niveles de vida más elevados, y ya que hemos adoptado modelos de organización centralizados, donde la mayoría de la población se concentra en las ciudades, la planeación debe ser quien guie nuestras políticas urbanísticas para no desperdiciar nuestros recursos y poder seguir en la carrera.

Pensar a futuro significa un raciocinio un poco más avanzado que pensar en las problemáticas del presente, no obstante ante los temores económicos, estos pensamientos pueden descansar en la tranquilidad del valor del dinero en el tiempo cuando hablamos de inversiones, pues el crecimiento económico tiende a ser una realidad constante. Debemos realizar proyecciones, así realizaremos inversiones significativas, las verdaderamente generadoras de crecimiento, no tendremos dineros muertos, tendríamos un ahorro continuo, pues una carretera con una pendiente óptima tendrá tal vez un mayor costo, mas generará un ahorro permanente en materia de combustible de los vehículos que la transitan.

A nivel personal, la planeación es un valor de gran importancia, pues como la gran mayoría vivimos en aras del cumplimiento de nuestras metas, pero éste determinará una gran diferencia ya que la optimización de nuestra energía, recursos y tiempo, harán que nuestros deseos no cesen y alcanzaremos sueños más grandes.

Como seres humanos y racionales, debemos mejorar constantemente y pensar a futuro es indispensable, de tal forma que no pasemos de largo el primer paso de un buen planeamiento, identificar el objetivo, para así conseguir el interés de cada persona, y a nivel colectivo lo que más nos conviene, en síntesis, para alcanzar lo que realmente queremos.

12 de abril de 2010

La dignificación de las profesiones

“Tres son las cosas que hacen a los hombres buenos y virtuosos: la naturaleza, la costumbre y la razón. Lo primero que se precisa es que la naturaleza lo haga nacer hombre y no animal; también es necesario que ella le otorgue cualidades del alma y del cuerpo. Algunas de estas cualidades no son de ninguna utilidad, pues la costumbre las cambia y modifica. Es la costumbre, en efecto, lo que desarrolla las cualidades naturales, dándoles una tendencia al bien o al mal”.

Aristóteles, filósofo y científico griego (384-322 a. C.)


Este artículo se aproxima a una mirada inicial sobre la toma de conciencia de las implicaciones y responsabilidades adquiridas por los profesionales en el ejercicio de su actividad o de su actuación.

Las profesiones y los profesionales, de todas las áreas del conocimiento, ocupan un lugar significativo en el mundo social, pues aportan bienes y servicios que requiere la sociedad. Su desempeño y actuación están siempre en la mira de los sectores, grupos e individuos. Tal actividad profesional de cualquier carrera está sujeta a normas de carácter ético o deontológico. Es decir, todos tenemos deberes que son mínimamente exigibles a los profesionales en el desempeño de su actividad.

En consecuencia, se espera que la actuación de los profesionales sea guiada por los múltiples valores humanos, pero con especial énfasis el valor de la dignidad, es decir, el que nos hace ser valiosos, estimables, dignos de ser honrados y respetados que, en la ausencia de este valor, difícilmente podremos convivir en una comunidad de manera armónica y pacífica.

Hoy en día el concepto de dignidad se ve sistemáticamente ignorado por una minoría de individuos en el ejercicio de su profesión, mientras existan prácticas cotidianas de abuso de autoridad, indiferencia de gobernantes y legisladores frente a la delincuencia y la corrupción, autoridades y familias implicadas en el abuso sexual de niños y otras muchas situaciones sociales problemáticas, se hace urgente, por una parte, que la educación, como principal opción de cambio entre los hombres, mantenga una clara finalidad: evitar la deshumanización y favorecer la creación de un humano sensible, comprometido con sus semejantes y consigo mismo; y por otra parte, de los profesionales se espera que en el ejercicio de su profesión no sean guiados por el ánimo de lucro y del poder, sino por el altruismo, por una orientación al servicio de la colectividad, personas que sean capaces, en cooperación con otros, de construir el orden social que hace posible la vida digna para todos.

Prueba de lo anterior, son las historias de eventos o situaciones que cada uno de nosotros hemos vivido o hemos conocido, bien sea de manera cercana o por referencias de otros, sobre las actuaciones de los profesionales de nuestra ciudad y del mundo. A manera de ilustración sobre esta preocupación, es conocido por todo nuestro país, la indolencia, laxitud y deshumanización de las personas o entes del sistema jurídico que manejan los casos de abuso sexual de menores en Colombia. Es tal la ignorancia y la falta de criterio profesional de los encargados de recibir las denuncias de niños abusados, que interpretan como maliciosas o como producto de la imaginación las historias relatadas por los niños víctimas y en algunos casos la benevolencia que tienen para el abusador, de simplemente penalizarlo con terapias de rehabilitación o sueltos en las calles haciendo fiesta de su virilidad. Miles de familias víctimas se desangran por no encontrar eco y sapiencia en los profesionales encargados de estos casos. Es un problema social que pone a prueba a todas las profesiones y profesionales de nuestra sociedad.

Otras situaciones de lesión a la dignidad humana, también son referidas con alta frecuencia, sobre la atención medico paciente-familia de los servicios de urgencias de salud. La llegada de un paciente nuevo se convierte en feriar, a cuál de los médicos de turno, le gusta manejar la enfermedad que acaba de llegar. El único mediador es el tiempo eterno que transcurre mientras es trasladado el paciente a un equipo de alta tecnología para que defina su diagnóstico. El médico sólo aparece para dar de alta al paciente y remitirlo a otro centro asistencial. El servicio ofrecido por el personal de salud, es en sí mismo un valor pero desdibujado por algunos como un favor, cuyo valor está representado, en el ánimo de lucro y en el cumplimiento de la exigencia de la institución que lo contrata, de inflar las cifras de cobertura. ¿Será que la educación médica no ha formado a algunos para encontrar al hombre en su paciente?

Hay un compromiso profesional que hace necesario rescatar nuestros verdaderos valores donde no sólo prime el conocimiento específico de la profesión. Es necesario acompañarla de nuestras virtudes, las cuales no estaremos dispuestos a negociar.

Respetar, dignificar, saber-sabiduría, son conceptos estrechamente relacionados, son valores indisolubles e indestructibles. Tomemos acciones para rescatar la humanización de nuestras profesiones, donde no quepan la soberbia, la insensibilidad, la incompetencia, ni las irresponsabilidades, ni la injusticia.


6 de abril de 2010

¡Sí se puede… y con energía!

Terminaron los IX Juegos Suramericanos de Medellín que durante dos semanas envolvieron a la ciudad con su aire joven y alegre, como lo fueron en otro estilo la Asamblea del BID y la Asamblea de la OEA en los dos pasados años.

En torneos deportivos internacionales de estas características, la ciudad solo había realizado los Juegos Centroamericanos y del Caribe hace 32 años, cuando el narcotráfico, si bien ya se había incubado en nuestra sociedad, aún no había agitado sus afiladas garras de muerte, terror y violencia desmedida hasta arrinconarla en el temor. En esta nueva etapa de reconstrucción social y para las generaciones más jóvenes, esta era una experiencia desconocida.

Además de las congratulaciones expresadas en forma repetida –y bien merecidas–por el éxito de los juegos, por la organización, por los escenarios y acogida popular, deben resaltarse los miles de voluntarios que colaboraron en forma silenciosa; y recordar los méritos del entonces alcalde Fajardo y de aquellos dirigentes deportivos que lucharon en el pasado por obtener la sede.

Un aspecto innovador y de inmenso valor por su significado, fue la decisión de no cobrar la entrada a los distintos escenarios que se llenaron de público entusiasta, sin distingo social ni económico; aunque también es una muestra de la escasez de actividades recreativas de libre acceso en la ciudad, mensaje que ojalá tenga un positivo impacto en adelante. También fue muy acertado realizar actividades en otros municipios, especialmente en aquellos por fuera del Valle de Aburrá.

Estos exitosos resultados deben ayudar a adquirir consciencia sobre el potencial que tiene la ciudad-región, sin desconocer que esos recientes eventos internacionales no han superado el ámbito de nuestro continente americano. Es necesario prepararse para llegar a tener eventos de calidad, realmente mundiales, que abarquen todos los continentes; es decir, se ha ganado con excelencia el bachillerato pero hay un largo trecho para llegar al doctorado.

Y éstos abarcan eventos deportivos de alta trascendencia, como los torneos mundiales de mayor acogida, o juegos Panamericanos y Olímpicos (¿por qué no?), así sean metas para 20 ó 30 años. O las grandes ferias y exposiciones mundiales de algún sector económico en el que el país tenga ventajas para que, además de los beneficios propios de la feria, impulse ese sector de nuestra economía.

Este objetivo requiere de trabajo conjunto y armonioso por parte de la Alcaldía y la Gobernación para identificar las alternativas con base en nuestro potencial, trazar las metas de largo plazo y darle la institucionalidad que permita hacer realidad las metas trazadas. Y debe partir desde la visión de una ciudad policéntrica que alimenta a las subregiones del departamento, pero también como parte íntegra de un país, porque sus objetivos deben centrarse en impulsar el desarrollo general de la nación, de la ciudad y de las subregiones.

Este columnista ha expresado en varias ocasiones que la energía constituye el sector líder en el que deberían concentrarse tales esfuerzos, no solo por el gran potencial del país y sus amplias posibilidades de expansión, sino por la calidad de la normativa e institucionalidad existente, además de sólidas y pujantes empresas como Ecopetrol, EPM, EEB, Isa, Isagén y nuevos actores como Colinversiones.

Ojalá nuestros gobernantes locales con el apoyo del gobierno central se decidan a empezar sin tardanza este proyecto y convoquen a las distintas fuerzas motoras de nuestra sociedad con el concurso de la Universidad que, a diferencia del encierro en su propio campus característico de décadas atrás, ha evolucionado hacia una activa y decisiva participación en los asuntos relativos al desarrollo social y económico. ¡Hay que tomar pronto la decisión de asumir el reto!

Publicado en El Colombiano 5 de abril de 2010