25 de marzo de 2010

Leer libera

Está bien… para nadie es un secreto que la mayoría de nosotros tenemos un alto ritmo de estudio y trabajo y que debemos hacer muchas cosas.

Correcto… hemos llegado hasta donde estamos ahora a punta de sudor y sacrificio (si en tu caso no fue así, eres de los pocos afortunados que logran las cosas gracias a la suerte) y nos hemos quemado las pestañas estudiando, especializándonos o capacitándonos.

Por supuesto que a veces debemos leer informes, cálculos, análisis, tareas, El Colombiano, la página de FútbolRed o nuestras actualizaciones de Facebook o los últimos Tweets de nuestros amigos. También estamos al tanto de que de vez en cuando algunos de nosotros tenemos ese “pecado culposo” de leer el horóscopo y las revistas de consejos para conquistar al sexo opuesto, para adelgazar o simplemente para saciar nuestra curiosidad acerca de qué pasa últimamente en el mundo de la farándula.

El Quijote, Cortázar, Allan Poe o un tal García Marquez… ¿para qué intentar leer novelas o literatura si en la tele tenemos los realities, las mismas noticias amarillas, la millonésima repetición de Los Simpsons (también amarillos… aunque menos ácidos), las interminables temporadas de Lost o las mismas novelas una y otra vez?

Esta reflexión no pretende crear un mundo idealista en el que todos sus habitantes sean unos perfectos ciudadanos rebosantes de cultura, arte e inteligencia.

Esta reflexión trata simplemente acerca del EQUILIBRIO.

¿Cuándo fue la última vez que leíste un libro?

¿Y por qué tanta insistencia con eso de leer?

La UNESCO ha señalado que “Los libros y el acto de leer constituyen los pilares de la educación y la difusión del conocimiento, la democratización de la cultura y la superación individual y colectiva de los seres humanos”. En esta perspectiva señala la UNESCO, “los libros y la lectura son y seguirán siendo con fundamentada razón, instrumentos indispensables para conservar y transmitir el tesoro cultural de la humanidad, pues al contribuir de tantas maneras al desarrollo, se convierten en agentes activos del progreso”. En esta visión, la UNESCO reconoce que “saber leer y escribir constituye una capacidad necesaria en si misma, y es la base de otras aptitudes vitales...” 1

Y precisamente no es muy alentador el panorama en otros estudios que revelan que “En países como Colombia, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil y Ecuador los índices de lectura en la población en general han disminuido drásticamente en los años recientes; en Colombia por ejemplo, de acuerdo a una reciente encuesta nacional, el 40% de los colombianos manifestaron que no leen libros por falta de hábitos, otro 22% externo que no lee por falta de tiempo y dinero para comprar libros”. 2

Así pues que, sin ánimo de ensañarnos con la TV (en ocasiones hay buenos programas, distintos, con un noble propósito y que ayudan al desarrollo del SER y de la inteligencia), vemos necesario el hacer un llamado a que la lectura, desde muchos puntos de vista, puede ser una actividad beneficiosa para el cuerpo, el alma, la tranquilidad, el descanso y la inteligencia.

¿Qué tal si ponemos un poco de equilibrio en las muchas horas que dedicamos a la TV, a YouTube, a Facebook, la novelas etc. y verdaderamente leemos un libro de vez en cuando?

Nadie nos obliga a nada, pero vale la pena comprobar por nosotros mismos si lo que se dice acerca de las bondades de leer es verdad.

Aunque advertimos enfáticamente que si lees un poco más tu vida corre el riesgo de volverse un poco más alegre, calmada, inteligente o interesante… y quizás algunos no quieran correr ese riesgo.

En resumen, hay tiempo para todo… hasta para leer, nuestras neuronas nos lo agradecerán algún día.


1 UNESCO. Informe sobre la educación en el mundo 2000. Madrid : UNESCO : Santillana, 2000. p. 183

2 Mabel Silva Silva. “Expertos estudian lectoría” En Noticias en el Universal. Caracas : El Universal, 2002. p. 2

Imagen: Cartel Feria del Libro de Bogotá en su edición número 22

David Corrales Rodas
Coordinador de Comunicaciones EIA

8 de marzo de 2010

¡POR FIN LA DOBLE CALZADA DE LAS PALMAS!

Hace una semana se abrió la doble calzada de la vía de Las Palmas, después de más de siete años de iniciada la construcción del primer tramo desde San Diego. Esta vía no solo constituye el principal acceso a la ciudad desde el aeropuerto y varios municipios del oriente antioqueño, sino que, además, una parte de ella se ha convertido en una arteria vehicular urbana de vital importancia para el sector suroriental de la ciudad, donde se ha concentrado el mayor desarrollo urbanístico durante los últimos años.

Por supuesto, lo más importante es celebrar que ¡por fin! sea posible usar los casi veinte kilómetros de la doble calzada, pero también es necesario aprender y recordar algunas lecciones después de este largo y atormentado proceso, para beneficio de los programas de doble calzada que se adelantan en la actualidad.

Como se mencionó en la pasada columna, muchos de los problemas en las obras de ingeniería se originan en deficiencias de la institucionalidad requerida para su manejo y que se materializan en una pobre planeación; en la falta de estudios y diseños de detalle en forma previa a la licitación; en los inapropiados pliegos de condiciones; y en los cortos plazos de ejecución y escaso presupuesto, que conducen a propuestas erradas, en términos de buena ingeniería, pero ajustadas en el papel a los requisitos establecidos por el Contratante.

La situación se agrava cuando se juntan varias de estas debilidades, pues se genera una compleja cadena de vicios que afecta la calidad de las obras y ocasiona significativos sobrecostos y demoras, además de dejar una pesada herencia de largos y cuantiosos pleitos legales.

La vía de Las Palmas no ha estado exenta de algunos de estos problemas que han perjudicado a la comunidad durante mucho tiempo y que han requerido de una buena dosis de paciencia. Por eso, ojalá este sea el fin de los hundimientos de la banca vial, de las amenazantes rocas sueltas en los taludes, de los numerosos deslizamientos que obstaculizan la vía y de las aguas descontroladas y destructoras que escurren tras los aguaceros, aspectos que afectaron a la vía por tanto tiempo sin atención alguna.

Pero aún quedan asuntos pendientes que no deben descuidarse, como la seguridad de la vía, que parece estar por fuera de la mente de los responsables de la obra. Este columnista ha advertido en varias ocasiones sobre la accidentalidad que se presenta en la vía debido, entre otros factores, a la combinación de exceso de velocidad, curvas cerradas al final de las rectas y presencia de material que obstruye la vía. A esto se suma el insuficiente separador entre las calzadas, que debería disponer, al menos, de una adecuada doble valla de seguridad en toda la extensión de la vía con el fin de proteger en forma apropiada la vida de quienes transitan por ella.

Las constantes campañas educativas sobre conducción responsable deben acompañarse del control y vigilancia del tráfico vehicular mediante cámaras que se conecten al centro de control que tiene la ciudad.

También debería construirse la doble calzada entre la glorieta de Los Balsos y Las Palmas, al menos para el ascenso, pues en la actualidad este tramo de poco más de un kilómetro representa un notorio cuello de botella para el flujo vehicular de El Poblado, Envigado y el sur del Valle de Aburrá.

Aunque no es fácil corregir las deficiencias de las fases iniciales del proyecto, se han hecho esfuerzos notorios por parte del Municipio y del Departamento en subsanar los problemas más críticos. Ojalá culminen en forma completa las tareas pendientes para brindar a los ciudadanos la seguridad y comodidad que demanda esta vía.

Artículo publicado en El Colombiano, el 8 de marzo de 2010.