26 de febrero de 2010

¿Está preparada Colombia para los autos eléctricos?

Los automóviles eléctricos ya superaron las etapas de laboratorio y se comercializan en numerosos países cuyas autoridades nacionales y locales comienzan a tomar decisiones para garantizar su uso.

Los gobiernos nacionales han concentrado sus esfuerzos en promover y apoyar las investigaciones para mejorar las características tecnológicas y económicas de las baterías eléctricas con el fin de aumentar su capacidad, durabilidad y seguridad, disminuir su volumen y peso y hacerlas competitivas en términos de costo y financiación.

El Gobierno Federal de Alemania en agosto de 2009 puso en vigencia el plan de desarrollo nacional de electromovilidad que define políticas nacionales para lograr avances tecnológicos en las baterías, la integración de las redes de suministro de energía eléctrica, la promoción del uso de los vehículos eléctricos, el apoyo económico de la investigación y el desarrollo de la movilidad sostenible y la colaboración a los entes territoriales locales para la creación de la infraestructura pública requerida para el uso de los vehículos eléctricos.

El Reino Unido, con el propósito de promover el transporte que produzca emisiones ultrabajas de carbono, estimula el desarrollo de tecnologías y de infraestructura y garantiza recursos económicos para los usuarios que deseen cambiar sus actuales vehículos de gasolina o deseen comprar vehículos eléctricos.

El Gobierno de Dinamarca se ha comprometido a dar incentivos fiscales a los compradores de vehículos eléctricos y a desarrollar la red nacional de estaciones de servicios para el suministro de la energía eléctrica requerida.

Las autoridades locales de los países mencionados han comenzado a definir políticas públicas para estimular el uso de los autos eléctricos. De igual manera están obrando los demás países desarrollados.

Dentro del Plan de Movilidad Eléctrica del Gobierno Español (MOVELE) se incluyó la introducción de puntos de recarga eléctrica: 280 puntos en Madrid, 191 en Barcelona y 75 en Sevilla. Las autoridades municipales también están implementando medidas para dar incentivos a los usuarios de autos eléctricos, como estacionamientos gratuitos preferenciales.

Varias compañías fabricantes de autos están estructurando modalidades de financiación de los vehículos y mecanismos financieros que permitan el arrendamiento de las baterías, que son quizás el componente que más representa en los costos del vehículo.

Las empresas dedicadas al negocio de arrendamiento de vehículos ya tienen en sus portafolios diversas ofertas de vehículos híbridos.

En el comercio mundial ya se encuentran modelos de distintas categorías, capacidades y diseños para todos los gustos, preferencias y capacidades económicas que compiten con casi todas las gamas de los autos movidos por gasolina o gas.

Surge entonces la pregunta: ¿Está preparada Colombia para los autos eléctricos?

Ya es hora de que en el País se definan políticas públicas que aceleren el uso de los vehículos eléctricos, puros o híbridos, por los beneficios ambientales y económicos que poseen frente a los vehículos que consumen energías no renovables.

Las autoridades de grandes ciudades como Medellín y sus alrededores deben: inducir a que las autoridades nacionales definan políticas públicas que incentiven el ensamblaje, la importación y la financiación de autos eléctricos y la sustitución de parte del actual parque automotor movido por energías no renovables; estimular su uso en el territorio local mediante medidas económicas y facilidades que favorezcan la reposición de autos públicos (taxis) y mediante la eliminación de restricciones urbanas apoyen el uso de los autos eléctricos (facilidades de estacionamiento, red de suministro de energía, uso en tiempos de pico y placa).

Las empresas distribuidoras de energía eléctrica deben crear las condiciones técnicas y económicas para que la metrópoli cuente con una red de suministro de energía que motive la adquisición y facilite el uso de este tipo de movilidad.

La mayor parte de los planteamientos expuestos son válidos para el caso de las motocicletas y vehículos similares que ofrece el mercado con tracción eléctrica.

En síntesis, frente a la realidad de la electromovilidad y sus ventajas de todo orden, es conveniente que el País y muy especialmente Medellín y sus alrededores comiencen a tener verdaderos planes de promoción y estímulo del uso intensivo de energía eléctrica en el transporte por automóvil, tanto público como privado.

22 de febrero de 2010

¿La ingeniería tiene la culpa?

El atraso e incumplimiento de las obras en la calle 26 de Bogotá ha ocupado buena parte de los espacios de la prensa nacional por el alto perjuicio que le ha causado a la ciudad. A la luz de esta situación han surgido muchos interrogantes sobre la ingeniería colombiana.

Hace un año y medio el Gobernador de Antioquia hizo un serio cuestionamiento al papel de la ingeniería en obras como la doble calzada de Las Palmas y la conexión vial de occidente, pues muy pronto presentaron fallas de diverso tipo que en el caso de Las Palmas ocasionó la muerte de una persona y el cierre total durante varios meses. Las reparaciones, además del atraso y perjuicio social, han demandado cuantiosas sumas de dinero.

Lo que hoy indigna a Bogotá es historia repetida en el resto del país. Ante estos hechos contundentes, y otros casos similares que aprecia y padece el ciudadano común, es válido el cuestionamiento a la ingeniería colombiana; pero no debe caerse en el simplismo de descalificarla en forma genérica, ya que también son múltiples los ejemplos de obras bien hechas.

Para abordar el tema es importante entender que existen muchos tipos de obras de ingeniería, cuyo manejo y magnitud de impactos e imprevistos demandan atención diferente. Por ejemplo, las obras lineales de ingeniería como las vías, son más complejas debido a las cambiantes condiciones topográficas, geológicas, climatológicas, ambientales, ecológicas y sociales a lo largo de su recorrido; no es lo mismo, entonces, construir un edificio que una vía. Y si son intervenciones en las ciudades, deben considerarse otros factores ligados al perjuicio que se causa a la ciudadanía durante la construcción.

Con esta claridad, es posible precisar que, a juicio de este columnista, existen cinco factores esenciales para el desarrollo exitoso de obras públicas complejas. El primero es una buena planeación de las obras requeridas, que contempla la identificación, viabilidad, fechas de entrada en operación, plazos y presupuestos adecuados, acordes con las prioridades y beneficio de la comunidad.

Los estudios completos y diseños detallados deben realizarse como paso previo indispensable a la licitación para construcción y según los cronogramas definidos en la planeación. Aunque este segundo factor permite reducir al mínimo los imprevistos, las entidades contratantes lo limitan u omiten con frecuencia, con la falsa ilusión de lograr un “ahorro” en tiempo y costos, a pesar de que los estudios pueden representar solo un cinco por ciento del valor de la obra.

El proceso de contratación es un tercer factor que comprende, además de los diseños de detalle, unos términos de referencia claros, transparentes, objetivos y adecuados que respondan a las particularidades de cada proyecto y con los plazos y presupuestos apropiados. Es, con frecuencia, una fuente de problemas y puede llevar a los licitantes a disyuntivas entre aceptar condiciones de muy difícil cumplimiento –por conjugación de calidad, precio y plazos– o no tener trabajo.

Otro factor indispensable es tener buenas firmas de ingeniería que construyan las obras; en el país existen muchas con gran trayectoria, capacidad técnica y profesionalismo, aunque en ocasiones son desplazadas por otras que carecen de estas competencias pero que florecen al amparo de las deficiencias del sistema.

Como último factor, se requiere de una institucionalidad apropiada; si bien el país carece de ella en el sector del transporte, se destaca, por el contrario, la calidad que tiene en el sector eléctrico.

No se trata, entonces, de un problema de diseño, de una licitación, de una obra o de una firma de ingeniería, es el sistema en sí. Y esto debe ser claro para el país, en especial para nuestros gobernantes, si realmente tienen verdadera voluntad política de cambiarlo.

(Artículo publicado en El Colombiano, 22 de febrero de 2010)

8 de febrero de 2010

POR UNA NUEVA IMAGEN DE LA CIUDAD

Se acerca el inicio de los Juegos Suramericanos en Medellín, evento que atraerá a deportistas y visitantes de otros países y que hará más visible a la ciudad ante millones de televidentes.

La Alcaldía ha liderado la gestión para tener una organización y unas instalaciones deportivas acordes con el compromiso, de tal forma que deportistas, comitivas, periodistas y espectadores tengan las condiciones requeridas de calidad y comodidad que deje en alto el nombre de la ciudad. Ojalá que se superen los lunares que hoy son el aeropuerto y la vía de Las Palmas, y los visitantes encuentren una ciudad atractiva y acogedora.

Las ferias anuales del sector textil, de la confección y de la moda han representado un valioso esfuerzo para favorecer los negocios y la imagen de la ciudad; también los tradicionales “alumbrados” navideños y, en algo, la Feria de las Flores. Aunque puedan existir algunos eventos de relativa importancia, no hay un evento periódico en la ciudad de carácter realmente internacional que le dé identidad a nuestra región frente al mundo y que impulse un sector de nuestra economía.

Hay que aceptar que por fuera de nuestras fronteras, aún nos conocen más por haber sido centro de carteles de negocios ilícitos que por otra cosa, así existan logros significativos durante la última década, por lo cual persiste el reto de mejorar nuestra imagen.

Es evidente que la imagen debe reflejar una realidad sustentable y no un deleznable maquillaje superficial, por lo que es indispensable el trabajo constante en el largo plazo en los aspectos esenciales para construir una sociedad más justa, equitativa y en armonía con el medio ambiente, como la educación de calidad; el fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación pertinentes; y el desarrollo de la infraestructura física adecuada, especialmente de transporte.

El Alcalde Salazar ha continuado, con favorables resultados, la tarea iniciada en la administración de Fajardo para cambiar la imagen estigmatizada de Medellín, internacionalizarla y favorecer el clima de negocios e inversiones que dinamice la economía local. Pero es necesario articular con otros programas, como la definición de la vocación económica, de tal forma que permita canalizar los esfuerzos y para que las acciones gubernamentales y privadas obedezcan a una orientación más estratégica que impulse el crecimiento económico en términos de desarrollo equilibrado y sostenible, generar nuevos empleos de calidad, erradicar la miseria y reducir los niveles de pobreza.

Aunque no exista todavía un pleno consenso sobre los sectores estratégicos, no hay duda de que la energía es uno de ellos y que representa un factor crítico para el desarrollo y bienestar de la sociedad actual, por lo cual es un tema de interés universal. La ciudad podría concentrar fuerzas para convertirse en un reconocido centro mundial de energía en el largo plazo; es posible pensar, por ejemplo, en realizar una gran feria internacional periódica sobre energía, de las denominadas “Expo”, en los que la ciudad llegue a ser un importante centro de negocios, académico y de referencia para ese sector.

El país tiene suficientes ventajas comparativas y competitivas que le permitirían asumir un liderazgo en energía eléctrica: el gran potencial hidroeléctrico que tiene el país; la experiencia y el liderazgo de ISA en interconexión eléctrica en Suramérica; los planes de expansión eléctrica a Centroamérica; el desarrollo de la bolsa de energía que opera en Colombia y que podría extenderse al mercado latinoamericano; y la presencia de sólidas empresas generadoras y de transmisión. Esto lo podría capitalizar Medellín para bien de la imagen y desarrollo de la ciudad y del país. Ojalá nuestras autoridades municipales así lo entiendan y den pasos firmes en esa dirección.

Artículo publicado en El Colombiano, lunes 8 de febrero de 2009.

1 de febrero de 2010

La educación, un propósito nacional

Uno de los hechos más representativos al empezar un nuevo año es el inicio de las actividades escolares de cerca de catorce millones de niños y jóvenes colombianos que llegan de nuevo a las aulas de colegios y universidades, quienes representan la alegría y esperanza viva de una Nación. Bastaría imaginar que no existen esos masivos desplazamientos de estudiantes a pie, en buses y otros vehículos, para sentir la desolación y la escasa ilusión de tener un futuro mejor para Colombia.

Reconforta encontrar que la educación ha tenido una importancia creciente en nuestro país, lo que se refleja en mayor cobertura escolar en todos los niveles y en mayores espacios que destinan periódicos y revistas, aunque no así la radio y la televisión. Pero lejos está de alcanzar el nivel deseado, como consecuencia lógica de la baja importancia que nuestra sociedad le ha dado a la educación, lo cual va más allá de la responsabilidad de los distintos gobiernos nacional, departamental y municipal.

Según el documento “Visión Colombia II Centenario: 2019”, los objetivos fundamentales para nuestro desarrollo son: Una economía que garantice un mejor nivel de bienestar; una sociedad más igualitaria y solidaria; una sociedad de ciudadanos libres y responsables; y un Estado eficiente al servicio del ciudadano.

Y, aún si quisiera agregarse algún objetivo adicional, se encontrará siempre que, como se ha expresado en anteriores columnas, si bien la educación no genera por sí misma el desarrollo, representa el eje fundamental para la construcción de ese nuevo país, pues en todas sus dimensiones y niveles alimenta a los demás elementos esenciales que demanda esa meta. O dicho de otra forma, más realista y dramática, sin educación de calidad para toda la población, no será posible lograr esos objetivos fundamentales, situación que se hace más notoria y vital en la actual sociedad del conocimiento.

Es pues, al calor del movimiento escolar inicial del año, que se invita a tener un mayor grado de consciencia individual y colectiva sobre la importancia de la educación para Colombia. Así, por ejemplo, en la campaña electoral que ahora empieza para la Presidencia de la República y el Congreso, los ciudadanos deberíamos exigir a los candidatos que presenten sus ideas y propuestas sobre el tema, así como a los medios de comunicación, para que adelanten debates serios que permitan construir un consenso nacional sobre la educación, más allá de los partidos políticos.

No basta solo expresar ideas generales, vagas y demagógicas, como ha sido común hasta hoy, sino que es necesario presentar propuestas bien elaboradas, completas, estructuradas y coherentes que deriven en compromisos firmes ante el país y a las que se les pueda hacer el seguimiento social.

Pero hay que estar atentos de la importancia de incluir la educación en los análisis y debates sobre los verdaderos problemas que tiene el país, así como en las propuestas para atender a su solución, sin permitir que éstos se concentren principalmente en los “asuntos políticos” que derivan, la mayoría de las ocasiones, en bulliciosas polémicas de escaso calado.

La educación debería constituir el eje central del plan de desarrollo del próximo gobierno, sea cual fuere el elegido, y ser un propósito prioritario permanente de la sociedad. Así, sería viable en el largo plazo brindar educación de calidad para todos y destinar los recursos y subsidios necesarios para atender a la población y regiones más pobres que nos permitan romper las pesadas cadenas de pobreza y de problemas que arrastramos del pasado. Y empezar a cimentar las bases para la construcción de esa sociedad más desarrollada, más justa, equitativa y en armonía con el medio ambiente.

El Colombiano, 25 de enero de 2010