3 de diciembre de 2009

María

María nació en Quibdó hace 33 años. Es muy callada, entonces algunos piensan que es muda. Cuando habla es difícil entenderle, por eso algunos piensan que es de otro país. Trabaja en mi casa y su principal responsabilidad es cuidar nuestros hijos mientras trabajamos.

Nuestra familia está compuesta por dos adultos y dos niños menores de 10 años. Los padres somos profesionales con posgrado y ejercemos nuestras carreras; nuestros hijos son alegres, sanos, inteligentes y estudian en el mejor colegio de la ciudad. En nuestra casa se vive sin lujos pero se disfruta un ambiente de cultura y de conocimiento, con acceso a las tecnologías de información y comunicación de última generación. Los cuatro somos nativos digitales.

María estudió primaria en Quibdó y comenzó secundaria en Medellín. Tuvo que abandonar sus estudios cuando nació Kelly, su hija mayor. Su esposo siguió su propio camino y ella se convirtió en cabeza de familia. Hace cinco años conoció a Juan Carlos, otro chocoano que trabaja en la construcción, con quien formó familia el año pasado. Hace dos años María y Juan Carlos tienen casa propia, la construyeron juntos gracias a un préstamo con COMFAMA y las cesantías de sus empleos. El lote lo compraron en Villatina, con acceso a servicios públicos. Lo mejor del sector es que queda cerca del resto de su familia chocoana. El sueño de Juan Carlos era tener hijos con María y se cumplió en marzo de este año cuando nació Michelle. Ahora la madre de María vive con ellos y cuida ambas niñas mientras sus padres trabajan. Kelly estudia en un colegio del Municipio de Medellín y no ha perdido ningún año.

Nosotros también vivimos en casa propia, gracias a un préstamo bancario, también disfrutamos los mismos servicios públicos de calidad y lo mejor del sector que escogimos es que queda cerca de nuestra extensa familia, de nuestros empleos y tiene fácil acceso al colegio de los niños.

María y nosotros estamos afiliados a la misma EPS y tenemos el mismo fondo de pensiones y de riesgos profesionales.

En noviembre del año pasado, a Juan Carlos lo apuñaleó un paisa durante una discusión y no puso denuncia alguna. María tenía seis meses de embarazo y lo cuidó en la clínica hasta que se recuperó. Hace tres meses se volvieron a encontrar agredido y agresor y cambiaron de papel… Juan Carlos apuñaleó al paisa. Ahora Juan Carlos espera su condena en la cárcel, mientras María se las arregla para seguir su vida, otra vez como cabeza de familia, pero ahora con dos hermosas niñas.

Es imposible trabajar con María sin sentir admiración por su fortaleza personal. Nunca ha perdido la calma, ni en las peores circunstancias. No se queja de su condición, inclusive se considera afortunada. Siempre sonríe, siempre está alegre. No habla mucho de los demás, pero cuando lo hace siempre es con elogios, nunca le hemos escuchado una crítica. Siempre está disponible para apoyar a quien la busca, siempre.

Cada día, al afrontar los problemas y dificultades propios de nuestros empleos, pensamos en María. El contrastar sus dificultades con las nuestras nos mejora la perspectiva. Cada noche, al orar con los niños, agradecemos a Dios por lo que nos ha dado y agradecemos también por tener el apoyo de María.

Al final de los días, cuando Dios haga su juicio, sé que María sacará mejores notas que nosotros, pues con tan poco logró tanto, porque jugó con casta, porque siempre fue superior a sus circunstancias, porque sin decir una palabra, con su ejemplo, nos transformó.

Sin duda María es la mejor maestra de vida que he tenido.

1 comentario:

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