2 de noviembre de 2009

Transformación Empresarial

Un aspecto de gran importancia para nuestro futuro es la definición de la vocación económica, de tal forma que permita orientar las acciones gubernamentales y privadas para impulsar el crecimiento económico del país en términos de desarrollo equilibrado y sostenible, generar nuevos empleos de calidad, reducir en forma notoria la miseria y la pobreza y, en consecuencia, mejorar en forma ostensible la calidad de vida.

Esta columna ha hecho mención al tema en varias oportunidades desde hace cinco años y ha analizado asuntos estrechamente relacionados como la educación de calidad; el fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación pertinentes; el desarrollo de la infraestructura física adecuada, especialmente de transporte; y la inversión necesaria para la creación de nuevas empresas y de nuevos productos y servicios.

Si bien este es un reto de la sociedad en su conjunto, la responsabilidad recae, en primera instancia, en quienes ostentan los máximos cargos gubernamentales y la dirección de las principales empresas, a los cuales deben sumarse, en lo pertinente, directivos académicos y de otras organizaciones representativas de la comunidad.

En la primera mitad del siglo XX se crearon gran parte de las empresas que jalonaron el desarrollo del país, con notoriedad en Medellín. Algunas de ellas son hoy grandes empresas que se han adaptado a los fuertes cambios, otras desaparecieron o emigraron y varias sobreviven con angustia aunque vivieron un pasado glorioso.

Estos hechos pueden analizarse desde diversas ópticas y soportarse en significativas estadísticas y en interesantes crónicas de la historia empresarial; pero su efecto puede palparse a simple vista en el desempleo que ronda día tras día en las calles de la ciudad y que es fuente de numerosos problemas personales, familiares y sociales que no solo degradan la dignidad del ser humano sino la calidad de vida en general de la comunidad, que actúa como un pesado lastre para el propio desarrollo.

Por eso, se reitera la importancia de definir pronto nuestra vocación económica, de crear nuevas empresas y empleos con mayor valor agregado en los sectores estratégicos y de transformar las empresas tradicionales para que respondan al mundo actual; y esto no es un problema exclusivo de unos cuantos gobernantes, empresarios, inversionistas o académicos, pues si bien las decisiones recaen en unas minorías, su efecto impacta al conjunto social.

Las empresas del Grupo Empresarial Antioqueño –GEA– y Empresas Públicas de Medellín representan un peso significativo en la economía de nuestra región, por lo que sus decisiones y retos empresariales tienen una connotación especial, así no deba limitarse solo a ellos. Las empresas líderes del GEA se han consolidado en el mercado nacional, han fortalecido sus negocios estratégicos y han avanzado en los procesos de globalización e internacionalización sin desplazar su centro de decisiones, pero quizás deberían ahondar en análisis prospectivos para identificar nuevos negocios, como el interesante proceso de Colinversiones –y de Argos– en el sector energético.

EPM, por su experiencia, conocimiento y capital acumulado debería potenciar con mayor velocidad el desarrollo en agua y energía limpia en las que el país tiene una gran riqueza subutilizada. Además, favorecer la creación de mallas de valor asociadas con la educación especializada de alto nivel y con la investigación e innovación tecnológica en esos temas; y fortalecer e impulsar la creación de nuevas empresas de consultoría, construcción y producción de bienes servicios que demandan esos sectores.

La Administración Municipal avanza en propuestas para la ciudad y algunas empresas responden a los cambios, pero, sin sacrificio de la racionalidad, la magnitud de los retos demanda cambios disruptivos y actitudes más decididas para transformar nuestro sistema productivo y avanzar apreciablemente en la construcción de esa nueva sociedad.

Artículo publicado en El Colombiano, 2 de noviembre de 2009

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