27 de noviembre de 2009

La educación integral: asunto de todos

"La meta final de la verdadera educación no sólo es hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia."
John Ruskin (1819 - 1900)
Crítico, escritor y sociólogo británico.


Los espacios educativos son permanentes y llenos de significados. La familia, la institución educativa, la sociedad, el mundo laboral, el tiempo libre, los medios de comunicación y el individuo mismo son un poderoso vector de educación. Cada uno de estos espacios de encuentro y relación, según el momento de la vida en el que se encuentre un individuo, adquieren un carácter importante, vital y trascendente en la formación humana.

En esta materia y en algún momento, todos somos educadores y educandos. El esfuerzo debe ser que los actores implicados, cada uno en su contexto o ámbito, deben tomar consciencia y asumir de forma responsable y coherente el papel que le corresponde.

La familia educadora debe seguir participando ampliamente en la estructuración de las expectativas de los hijos, de sus intereses, valores, interpretación y lecturas del mundo y la vida. Porque educar y formar a un hijo es mucho más que traerlo al mundo y alimentarlo: Es enseñarle a vivir y ayudarle a buscar los caminos que hagan su vida digna, noble y justa. Esta función básica y esencial de ser una institución educadora de los hijos, ha sufrido modificaciones en las familias modernas al excluir, en gran medida, su responsabilidad y recargar la labor en las escuelas o instituciones educativas, olvidándose de que éstas son el complemento y contribuyen a lo que se ha comenzado en el hogar.

Si bien es cierto que la educación es una tarea de toda la vida y que son muchos los actores y ámbitos que contribuyen a ella, una tarea especial le corresponde a la institución educativa, explícitamente concebida, para generar posibilidades de formación. Esta tarea tiene que ver con el tema de la formación integral; este calificativo implica, además, que se especifica el sentido de la formación del ser, del individuo en todas sus dimensiones. Le corresponde a los adultos, profesores, directivos y empleados, que sean inspiradores de valores y virtudes, que sean diáfanos y coherentes en su obrar y que cultiven a través del ejemplo el amor a lo bueno, bello y justo, en medio de este mundo contemporáneo en donde priman los excesos de velocidad, de información recibida por los medios más variados, de la realidad virtual, de nuevas formas de diversión, de moda, de música, de violencia, de amor, entre otros.

Es indudable que el reto del siglo XXI sea la reconquista del espíritu del ser humano que parece hipnotizado por un mundo acelerado. La institución educativa tendrá que hacer mayores esfuerzos en esa búsqueda para lograr hombres y mujeres que sepan combinar lo humano, lo tecnológico, lo social y lo espiritual, para dar un nuevo significado a todos los avances científicos, culturales y a la riqueza material que surge día a día.

Las reflexiones sobre este tema no están culminadas y deben ser permanentes; por fortuna, hoy más que antes, hay una mayor consciencia del maravilloso potencial de los jóvenes para construir el cambio y aportar al mejoramiento de nuestra sociedad.

13 de noviembre de 2009

Ciencia y tecnología para el desarrollo: ¿responsabilidad de quién?

El mundo entero se moviliza en busca de respuestas a un futuro en el que la Ciencia, la Tecnología y la Innovación juegan un papel fundamental. La declaración final de la reunión mundial de Educación Superior Unesco 2009 destaca la importancia de la responsabilidad social que deben asumir las instituciones de educación superior en su papel transformador, y la ciencia y la tecnología como un elemento que se debe trabajar en respuesta a las necesidades de la sociedad, en procura de una mejor calidad de vida y un desarrollo sostenible.

En Colombia, el nuevo esquema de medición de grupos de investigación de Colciencias, la aprobación de la nueva ley de Ciencia y Tecnología y el consecuente cambio de Colciencias a Departamento Administrativo para fortalecer la institucionalidad y el Conpes 3582 que plantea lo que se espera lograr en términos de aplicación de la política de Ciencia y Tecnología, son una evidencia de los avances y el compromiso del país por darle fuerza a este aspecto como uno de los fundamentales para aportar al desarrollo. Adicionalmente, este año fue declarado como el año de la educación para la innovación y la competitividad, en el que se invita a la comunidad educativa a reflexionar sobre su contribución a la construcción de un país más próspero.

Para incrementar el desarrollo científico, tecnológico y la innovación en Colombia se requiere de un mayor aprovechamiento del talento, el cual debe formarse con calidad y de forma permanente; de la vinculación participativa de la sociedad, en la que se incluyen los individuos y todas las organizaciones que aportan a su desarrollo; de la exaltación de valores profesionales y éticos de los individuos; y del compromiso de todas las instituciones de poner sus conocimientos al servicio de la sociedad.

Las iniciativas estatales orientan, las instituciones de educación superior crean conocimiento y forman talentos, y las empresas aplican ese conocimiento, pero esto no basta para que se llegue a la transformación social. La prosperidad de una nación se basa en gran parte en la formación y la información de su gente, además de la calidad de sus científicos. La adaptación rápida a los cambios tecnológicos es indispensable para el mejoramiento continuo del sistema, y esto requiere un desarrollo permanente de nuevas competencias de las personas que deben aplicar esos nuevos desarrollos y de su propia consciencia de esta necesidad.

Esto implica que el desarrollo de capacidades en ciencia y tecnología no es una tarea exclusiva de los científicos, sino una responsabilidad en la que todos los miembros de la sociedad tienen un papel importante; es indispensable que la población tenga una sensibilidad hacia los productos de la ciencia, hacia su terminología y que entienda lo que es, lo que pretende y lo que a cada uno puede o debe aportarle.

Es así como otro reto que se le plantea al Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Colombiano consiste en lograr que la ciencia forme parte de la vida cotidiana de toda la población, de forma tal que se aumente la valoración de producir, adaptar, transformar y usar el conocimiento. La posibilidad de que la Ciencia y la Tecnología se conviertan en un elemento impulsador del desarrollo se cimienta en una apropiación social que garantice un compromiso de todos hacia la construcción de un futuro mejor.

Y ¿cuál es ese futuro deseado? Las respuestas deben ser buscadas en un marco de cooperación ética y responsabilidad desde cada uno con la sociedad que nos acoge. Se trazan y se proponen caminos y metas; el futuro se piensa desde las organizaciones mundiales, el estado y las instituciones, pero ¿cómo nos ubicamos como individuos en ello? ¿Qué responsabilidad estamos asumiendo para construir ese futuro?

2 de noviembre de 2009

Transformación Empresarial

Un aspecto de gran importancia para nuestro futuro es la definición de la vocación económica, de tal forma que permita orientar las acciones gubernamentales y privadas para impulsar el crecimiento económico del país en términos de desarrollo equilibrado y sostenible, generar nuevos empleos de calidad, reducir en forma notoria la miseria y la pobreza y, en consecuencia, mejorar en forma ostensible la calidad de vida.

Esta columna ha hecho mención al tema en varias oportunidades desde hace cinco años y ha analizado asuntos estrechamente relacionados como la educación de calidad; el fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación pertinentes; el desarrollo de la infraestructura física adecuada, especialmente de transporte; y la inversión necesaria para la creación de nuevas empresas y de nuevos productos y servicios.

Si bien este es un reto de la sociedad en su conjunto, la responsabilidad recae, en primera instancia, en quienes ostentan los máximos cargos gubernamentales y la dirección de las principales empresas, a los cuales deben sumarse, en lo pertinente, directivos académicos y de otras organizaciones representativas de la comunidad.

En la primera mitad del siglo XX se crearon gran parte de las empresas que jalonaron el desarrollo del país, con notoriedad en Medellín. Algunas de ellas son hoy grandes empresas que se han adaptado a los fuertes cambios, otras desaparecieron o emigraron y varias sobreviven con angustia aunque vivieron un pasado glorioso.

Estos hechos pueden analizarse desde diversas ópticas y soportarse en significativas estadísticas y en interesantes crónicas de la historia empresarial; pero su efecto puede palparse a simple vista en el desempleo que ronda día tras día en las calles de la ciudad y que es fuente de numerosos problemas personales, familiares y sociales que no solo degradan la dignidad del ser humano sino la calidad de vida en general de la comunidad, que actúa como un pesado lastre para el propio desarrollo.

Por eso, se reitera la importancia de definir pronto nuestra vocación económica, de crear nuevas empresas y empleos con mayor valor agregado en los sectores estratégicos y de transformar las empresas tradicionales para que respondan al mundo actual; y esto no es un problema exclusivo de unos cuantos gobernantes, empresarios, inversionistas o académicos, pues si bien las decisiones recaen en unas minorías, su efecto impacta al conjunto social.

Las empresas del Grupo Empresarial Antioqueño –GEA– y Empresas Públicas de Medellín representan un peso significativo en la economía de nuestra región, por lo que sus decisiones y retos empresariales tienen una connotación especial, así no deba limitarse solo a ellos. Las empresas líderes del GEA se han consolidado en el mercado nacional, han fortalecido sus negocios estratégicos y han avanzado en los procesos de globalización e internacionalización sin desplazar su centro de decisiones, pero quizás deberían ahondar en análisis prospectivos para identificar nuevos negocios, como el interesante proceso de Colinversiones –y de Argos– en el sector energético.

EPM, por su experiencia, conocimiento y capital acumulado debería potenciar con mayor velocidad el desarrollo en agua y energía limpia en las que el país tiene una gran riqueza subutilizada. Además, favorecer la creación de mallas de valor asociadas con la educación especializada de alto nivel y con la investigación e innovación tecnológica en esos temas; y fortalecer e impulsar la creación de nuevas empresas de consultoría, construcción y producción de bienes servicios que demandan esos sectores.

La Administración Municipal avanza en propuestas para la ciudad y algunas empresas responden a los cambios, pero, sin sacrificio de la racionalidad, la magnitud de los retos demanda cambios disruptivos y actitudes más decididas para transformar nuestro sistema productivo y avanzar apreciablemente en la construcción de esa nueva sociedad.

Artículo publicado en El Colombiano, 2 de noviembre de 2009