26 de octubre de 2009

A propósito del año internacional de la astronomía.

Este año se conmemoran 400 años desde que Galileo Galilei mirase a través de un telescopio las malformaciones de la Luna. El telescopio se había inventado muy poco antes, pero fue él quien lo utilizó por primera vez para fines astronómicos, observando una gran cantidad de fenómenos que cambiarían por siempre la historia de la humanidad: nos dimos cuenta de que la Tierra no era el centro del universo, que no éramos para nada especiales.

Desde aquel momento se han dado una gran cantidad de acontecimientos en la astronomía y en la cosmología en el que el papel desarrollado por el telescopio ha sido fundamental. En 1929, Edwin Hubble descubrió que las galaxias se alejan unas de otras, y que entre más alejadas estén más rápido se alejan. Este simple hecho fue la primera evidencia de la expansión del Universo.

Casi 40 años después, Arno Penzias y Robert Wilson descubren por accidente por medio de un radiotelescopio una extraña señal de radio que siempre estaba presente en sus experimentos. Resulta que la extraña señal, conocida como radiación cósmica de fondo de microondas, resultó ser la prueba experimental de la teoría de La Gran Explosión o Big Bang. Esta radiación se interpreta como el eco de aquella gran explosión. Un poco más reciente, el telescopio espacial Hubble nos ha permitido ver imágenes de las galaxias más remotas, ha confirmado la existencia de planetas alrededor de estrellas lejanas y de la existencia de un agujero negro en el centro de nuestra galaxia y en muchas otras, entre otros descubrimientos.

Desde principios de siglo, el satélite Wmap de la Nasa, ha estado realizando una serie de medidas, cuyos resultados han sido fundamentales a la hora de comprender el universo en el que vivimos. Resulta que si sumamos toda la masa de las estrellas y de todos los cuerpos visibles conocidos hasta hoy, el resultado solo representa el 4% de toda la energía que posee el universo. Y lo sorprendente no sólo es ese insignificante 4% de materia visible, es el restante 96% de energía faltante que no se sabe de dónde sale, donde está, o simplemente qué es. A través de los resultados de Wmap se pudo establecer que ese 96% de energía se compone de un 22% de una sustancia conocida como materia oscura (sustancia completamente diferente a los átomos con los cuales estamos compuestos nosotros y todo lo que conocemos a nuestro alrededor) y por un 74% de algo denominado energía oscura. En 1998, un par de grupos de astrónomos descubrieron que es esta energía oscura la que hace que nuestro universo no sólo se expanda sino que se expanda aceleradamente. Como sí faltara poco, gracias a Wmap hoy sabemos con una precisión de 99% que la edad del universo es de 13700 millones de años y que éste posee una geometría plana.

En astronomía y cosmología se estudian objetos y distancias enormes como son las galaxias, pero éstas a la vez están constituidas por partículas cuyas dimensiones, por decir lo menos, son del tamaño del átomo. Debido a esto, en este momento la comunidad de astrónomos está impaciente debido a la entrada en operación del gran acelerador de partículas LHC en noviembre próximo, diseñado para recrear el universo cuando apenas tenía una billonésima de segundo de edad. Con el LHC se pretende, entre otros objetivos, encontrar respuestas al problema de la materia oscura y determinar la posible existencia de dimensiones adicionales a las tres que conocemos: arriba-abajo, izquierda-derecha y atrás-adelante. Por otro lado, en la próxima década comenzará a funcionar el nuevo telescopio espacial James Webb, los telescopios terrestres GMT, TMT y E-ELT con lentes de 25, 30 y 42 metros de diámetro respectivamente, que buscarán captar los objetos más antiguos y distantes de nosotros, con el fin entender mejor el origen y evolución del universo.

Gracias a todo el esfuerzo científico y tecnológico realizado a través de la historia, hoy tenemos un conocimiento invaluable acerca de la evolución del universo. Y en este momento, estamos pues ante una serie de posibles descubrimientos en los años que vienen que podrían cambiar aun más nuestra forma de ver el universo y de cuál es nuestro lugar en él.

19 de octubre de 2009

¡OTRA VEZ ELIMINADOS!

Por tercera vez, y en forma consecutiva, nuestra selección nacional de fútbol ha quedado eliminada del evento deportivo que, junto a los juegos olímpicos, mueve las mayores multitudes en el mundo y despierta las más fuertes pasiones. Aunque el torneo se realizará a mediados del año entrante, los procesos de clasificación que ahora culminan, calientan el ambiente con anticipación por la expectativa de conocer los 32 seleccionados que participarán; mientras en los países eliminados, como es nuestro caso, se desatan los lamentos, las críticas y las “crisis”.

No serán pocas las páginas que se escribirán en nuestro país sobre el tema ni escasas las horas de programas radiales y de televisión que se dedicarán a comentarios en todos los tonos, estilos y visiones, fiel reflejo de la misma diversidad e intereses. Si bien hay quienes aborrecen el fútbol o son indiferentes, no puede desconocerse el papel e impacto social que tiene éste en nuestro medio, razón que, además del gusto personal por este deporte, motiva esta columna.

Lo primero que puede decirse es que la eliminación no ha sido una sorpresa para la gran mayoría, porque no fue debido a un mal resultado de uno o dos partidos de la selección, sino, más bien, la consecuencia lógica de la estructura misma del fútbol colombiano. La clasificación definitiva de la zona suramericana muestra que hubo un grupo superior formado por Brasil, Chile y Paraguay; un grupo mediocre del que hacen parte Uruguay, Colombia, Ecuador y Venezuela; y un grupo muy deficiente de Perú y Bolivia; Argentina quedó en un limbo, más cerca de los mediocres que de los buenos, pero con la posibilidad de recomponerse y ser el equipo que debe ser.

Así suene a frase de cajón, las crisis son oportunidades y el reto es superarlas, tal como se cultiva desde la academia y se asume en empresas y diversas organizaciones sometidas a duras crisis en medio de la incertidumbre que caracteriza el mundo actual. Y, por el bien general, es en esta dirección que ojalá los dirigentes del deporte, y del fútbol en particular, sepan actuar para conducir las aguas por el cauce apropiado.

Sin quitar el espacio ni el derecho individual a expresar las ideas y a dar las explicaciones sobre la eliminación de Colombia, se requiere que los dirigentes de la Federación y los directivos del fútbol profesional colombiano, asuman con seriedad la tarea de evaluar la estructura general del fútbol en forma integral y como un sistema. Lo conveniente es no caer en discusiones simplistas, desviadas de lo fundamental y alimentadas más por las pasiones y protagonismos que por las razones, como tantas veces suele suceder; pues, así, se termina por ignorar la esencia del problema y se emprenden algunos cambios aislados con escaso impacto, para continuar por el viejo camino tantas veces recorrido.

Este proceso requiere convicción de los directivos en un ejercicio responsable de autoevaluación metódica y estructurada, con apoyo de expertos en este proceso, ojalá con la participación de académicos que nutran esa organización, para que ahonden en la revisión de todos los elementos que hacen parte de ese sistema y que incluya el propio torneo colombiano; porque ha sido evidente que hay buenos jugadores y que algunos técnicos y dirigentes pueden conducir a éxitos parciales, pero sin estructura ni unidad.
Como alguna vez se expresó en esta columna, el fútbol no le pertenece a los directivos ni a los dueños de los equipos profesionales, es un patrimonio social. Y ellos deben atender a la responsabilidad social que les corresponde, por encima de sus intereses particulares. ¡Y ya es hora de que lo hagan bien!
Artículo publicado en El Colombiano, 19 de octubre de 2009.

6 de octubre de 2009

Exploración de la gestión urbana

La práctica urbanística se ha transformado significativamente, en algunas ciudades colombianas gracias a la renovada importancia dada a la ciudad, desde la definición de la Política Urbana del Salto Social, Ciudades y Ciudadanía (Ministerio de Desarrollo, 1996) y la posterior expedición de la ley 388 de 1997, pero muy especialmente como respuesta a los nuevos retos del desarrollo económico y social impuestos por la globalización, retos en que las ciudades y regiones cumplen un papel protagónico.
Los cambios de mayor impacto y más visibles al ciudadano, en el caso de muchas ciudades del mundo occidental, entre ellas Medellín, se han dado por la aplicación sistemática del “Proyecto Urbano” como instrumento de gestión para la transformación de la ciudad, entendido como una actuación pública integral, de carácter estratégico, vinculada a una visión global o imagen de ciudad, y por lo tanto a objetivos de desarrollo. La reciente y exitosa transformación de Medellín responde a la ejecución de proyectos de este tipo, bien identificados, formulados y ejecutados, logrando alcanzar, sin lugar a dudas, los objetivos propuestos.
Es imperativo ahora dar nuevos pasos adelante en la planeación y gestión del territorio, en dos campos de vital importancia para el logro de objetivos de ciudad y territorio:
1. El paso de la práctica urbanística cuyo objeto es la ciudad, al ordenamiento sostenible del territorio regional, que tiene como prioridad, entre nosotros, la planificación y gestión de la ciudad región conformada por la gran ciudad metropolitana del valle del Aburrá y las subregiones del entorno inmediato.
2. El desarrollo y aplicación de los instrumentos de gestión urbana establecidos en la ley 388/97.
En esta ocasión se hará referencia a este segundo reto. El otro tema será objeto de una reflexión posterior
A pesar de los grandes avances mencionados en proyectos urbanos que han logrado significativas transformaciones en ciudades colombianas, poco se ha avanzado en nuestro medio en la utilización de los instrumentos de gestión urbana que permiten no sólo que los recursos para la financiación del desarrollo urbano se obtengan de las plusvalías generadas por el mismo desarrollo urbano, sino que la gestión del territorio se dé mediante la participación conjunta de sectores públicos y privados y se logre la distribución equitativas de las cargas y beneficios.
Avanzar en este proceso es tarea de todos: el Estado, la empresa, la academia y la comunidad.
La Escuela de Ingeniería de Antioquia, como institución educativa que cuenta entre sus programas de postgrado con una especialización en Gestión y Procesos Urbanos que, como su nombre lo indica, tiene una clara orientación hacia la gestión urbana y territorial, quiere ser actor protagónico en el proceso de abrir el camino hacia la utilización y desarrollo de los instrumentos de ley. Consecuente con este propósito, el plan de estudios de la especialización tiene una de sus líneas orientada a este tema.
El título de esta reflexión, Exploración de la gestión urbana es ahora el propósito implícito del proyecto de grado que enmarca los estudios de caso de los estudiantes de las dos últimas cohortes. Se trata de que cada estudiante o par de estudiantes seleccione un proyecto urbano debidamente formulado mas no ejecutado, y propongan el sistema de gestión del mismo, mediante un ejercicio exploratorio de la variedad de instrumentos establecidos en la ley colombiana, y otras alternativas novedosas utilizadas en países, de iberoamérica. Así mismo los estudiantes tienen la oportunidad de ser creativos ideando otros mecanismos ingeniosos que permitan superar algunos obstáculos que se presentan en la gestión y ejecución exitosa del proyecto urbano, como de hecho se ha dado en algunos de los trabajos presentados por los estudiantes.
En la exploración realizada por los estudiantes se han utilizado dos instrumentos metodológicos que les facilitan tanto la exploración como la selección de los instrumentos adecuados para el caso y la formulación de la propuesta de un sistema de gestión para el proyecto.

El primero de ellos, la matriz de instrumentos, presenta la gama ofrecida por la ley y otros conocidos, clasificados según se trate de instrumentos de planeación, gestión del suelo y reparto de cargas y beneficios. Este último grupo incluye los instrumentos de financiación tan importantes para garantizar la ejecución de proyectos capaces de producir mejoras sustanciales en la calidad urbana y por ende en el desarrollo y la calidad de vida de la población.
El segundo instrumento, el mapa de procesos, exige del estudiante la identificación de todas y cada una de las actividades necesarias para la ejecución del proyecto y permite visualizar y presentar una visión del sistema de gestión en su conjunto.
Adicionalmente a la exploración hecha por los estudiantes en su trabajo de grado, la especialización en Gestión y Procesos Urbanos quiere invitar a todas las instituciones públicas y privadas interesadas en este tema a hacer parte activa de este proceso exploratorio empezando por su participación en este blog mediante la presentación de ideas, reflexiones y experiencias exitosas.

29 de septiembre de 2009