31 de agosto de 2009

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA DESERCIÓN EN LA EIA

La magnitud del problema de la alta deserción estudiantil de la educación superior en Colombia se aprecia cuando se revisan las estadísticas que la investigación hecha por el Centro de Estudios de Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes obtuvo recientemente. De acuerdo con lo citado por el diario El Espectador en su editorial de junio 4 del presente año, “…la investigación plantea incluso que la mitad de los estudiantes que inician estudios universitarios no los terminan”.

En la Escuela de Ingeniería de Antioquia (EIA) no hemos sido ajenos a este problema, a pesar de que nuestras cifras de deserción están muy por debajo del promedio nacional y de que las causas que el citado estudio encontró como preponderantes en la EIA tienen un peso menor. En nuestro caso, podemos identificar dos razones principales para que la casi totalidad de nuestra deserción se concentre en primer año: en primer término, prácticamente todos nuestros estudiantes nuevos acaban de egresar del colegio y, debido a su juventud e inmadurez, algunos de ellos todavía no tienen muy bien definida su vocación hacia la Ingeniería. En segundo término, la gran mayoría de asignaturas de este primer año son de Ciencias Básicas para Ingeniería (Matemáticas, Física, Química). Su dificultad inherente y el nivel de exigencia de la EIA hace que algunos estudiantes no obtengan los resultados esperados, se desmotiven y terminen dejando la Institución.

Debido a lo anterior, es comprensible que nuestros mayores esfuerzos para evitar la deserción se orienten a dar apoyo académico a los estudiantes de primer año. Sin embargo, siempre nos hemos preguntado en qué medida logramos llegar a los estudiantes que más necesitan el apoyo o, en otras palabras, si gracias a nuestros esfuerzos logramos retener a todos los estudiantes que, teniendo una verdadera vocación hacia la Ingeniería, empiezan sus estudios con marcadas deficiencias y vacíos.

En el primer semestre de 2007 quisimos ir más allá en estos programas de refuerzo y le planteamos a la Institución un proyecto de apoyo académico en Matemáticas, que partía de un diagnóstico de los estudiantes y contaba con mecanismos de supervisión y orientación académica que, esperábamos, nos permitieran llegar en el momento apropiado a los más necesitados de apoyo. La EIA aprobó el proyecto y nos dio todo el soporte necesario. Tuve oportunidad de coordinarlo y me permito describir brevemente cómo funcionó.

Con base en los resultados del 2006 de los estudiantes de primer año, el profesor Jorge Obando diseñó un modelo estadístico que asignaba la probabilidad de ganar una asignatura según el resultado de la respectiva área en el examen de Estado (ICFES).
En la primera semana de clases se realizó una encuesta sobre hábitos de estudio.
Aprovechando que en el primer año en la Escuela no sólo se programan con antelación los exámenes parciales y finales sino también las pruebas cortas o quizzes, cada lunes en la mañana, tiempo en el cual no había programadas clases, realizamos actividades de refuerzo de las asignaturas de Matemáticas cuyos quizzes se iban a llevar a cabo en esa semana. Estas actividades se realizaron usando material distribuido previamente entre los estudiantes.
Al principio del semestre, se invitaron todos los estudiantes a asistir, pero a medida que el semestre transcurría, se personalizaron las invitaciones y se convocaron los estudiantes que más necesidad tenían de estos refuerzos.
En cada sesión de trabajo se registró la asistencia.

De esta experiencia, destacamos algunas cifras: un 23% de los estudiantes asistió a la mitad o más de las sesiones de trabajo programadas. De los estudiantes que, según nuestro diagnóstico, tenían una probabilidad de perder Cálculo Diferencial mayor o igual a 0,5 y que, sin embargo, ganaron la asignatura, 17% de ellos fueron asistentes frecuentes al programa. Para la asignatura de Lógica y Álgebra, esta cifra fue del 15%. La encuesta sobre hábitos de estudio confirmó que la mayoría de estudiantes dedicaban en el colegio poco tiempo a la preparación de los exámenes.

Estas cifras demuestran que, no obstante los esfuerzos, no siempre se logra llegarles a tiempo a los estudiantes más vulnerables. Lo ideal sería que una vez que se va configurando el fracaso en primer semestre, usualmente en la mitad y después de los exámenes parciales, se pudiera detener el proceso e incorporar a esos estudiantes en un programa de nivelación que incluyera el desarrollo de adecuadas técnicas de estudio. Sin embargo, no es fácil para una universidad tener tal flexibilidad que le permita ofrecer una opción como la planteada aquí. De todas maneras, aunque los procesos de maduración toman su tiempo, siempre debe existir una exigencia creciente a los estudiantes y la consiguiente respuesta por parte de ellos. Si en un tiempo prudente no se genera este proceso virtuoso, es mejor que el alumno abandone la universidad.

1 comentario:

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