9 de junio de 2009

EL MODELO DE CIUDAD Y LOS SUBURBIOS

El modelo de ciudad compacta al que le han apostado Medellín y algunos municipios del Valle de Aburrá es, para esta gran ciudad metropolitana, un imperativo, teniendo en cuenta la estrechez y limitaciones geográficas del Valle de Aburrá y la baja capacidad adquisitiva de la mayor parte de sus habitantes, que no les permite acceder al automóvil privado que les garantice el derecho a la ciudad difusa, totalmente dependiente del automóvil.

Se dirá entonces que el suburbio es una forma de ocupación a la que tiene derecho el estrato alto con capacidad adquisitiva y deseos de huir de la congestión, contaminación y “agite” de la ciudad para disfrutar del campo y sus atributos, como el paisaje, el silencio y la tranquilidad. Esto es cierto, la ciudad es el espacio de las oportunidades; debe ofrecer a sus ciudadanos, ricos y pobres, diferentes alternativas de residencia en condiciones de calidad, de acuerdo con la idiosincrasia, patrones de comportamiento y formas de relación de los grupos sociales que la habitan. Sin embargo, una sola modalidad de oferta de vivienda no puede darse a costa de impactos ambientales y socioeconómicos que afectan el conjunto de la población, como pasa con la vivienda campestre y semicampestre localizada en zonas rurales de alta vulnerabilidad ambiental y vocación productiva ligada al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.

La ciudad de Medellín a lo largo de su historia, y a pesar de la fuerte segregación socioespacial que la caracteriza, ofreció opciones diferentes a toda su población: sectores de la ciudad configurados por la tradicional retícula que admite una densificación gradual mediante la agregación de nuevos pisos a las casas unifamiliares originales, como se presenta en gran parte de las zonas nororiental y noroccidental; el centro de la ciudad y sus barrios vecinos también configurados en retícula que ofrecen mezcla de actividades, espacios públicos de convocatoria ciudadana y oportunidades de residencia a personas que prefieren estar cerca de todo y aprovechar las ofertas culturales, comerciales y de servicios propias de los centros urbanos; sectores planificados dotados de vías y espacios públicos generosos, como es el caso de Laureles y La América, que dieron cabida a casas grandes para estratos altos y a vivienda de clase media, que viene transformándose mediante la sustitución de las casas originales por nuevas edificaciones de mediana altura; también zonas de baja densidad en el sector de El Poblado que hasta hace muy poco constituía la oferta de vivienda semicampestre para los estratos altos que prefieren la privacidad al frenesí de la ciudad, pero sin alejarse de ella, que a su vez les ofrece oportunidades de negocios y trabajo.

Recientemente este relativo equilibrio de la ciudad se ha venido perdiendo, en buena parte, como producto de las nuevas reglas del juego establecidos en el Plan de Ordenamiento Territorial, que han impulsado al sector de la construcción a buscar nuevas formas de negocio de menor exigencia normativa y mayor rentabilidad.

En efecto, el POT de Medellín (acuerdo 62/99) exige planes parciales que garanticen el proceso ordenado de planeación, urbanización y construcción para los desarrollos urbanísticos de las zonas de expansión, renovación y redesarrollo. Dadas estas condiciones, El Poblado ofrecía la mejor opción para desarrollos inmobiliarios, teniendo en cuenta que era el único sector de la ciudad que contaba con un buen número de lotes o casas lote con área superior a 2.000 m2 sin exigencia de plan parcial. Despegó así un crecimiento explosivo de ese sector, no previsto, pues el estrato 6 que constituía su demanda estaba en franco decrecimiento. Se modificó entonces la oferta, ofreciendo vivienda en desarrollos de mayor densidad atractivos para otro sector de la demanda más cercano a los estratos 4 y 5. La sobredensificación resultante afectó sensiblemente los atributos de El Poblado: paisaje, vista, verdor, tranquilidad y seguridad, dejando de ser atractivo para el estrato alto, lo cual motivó una nueva oportunidad de negocio: el suburbio en las laderas de la ciudad y las zonas rurales de municipios del entorno de la gran ciudad metropolitana.

Este nuevo negocio que se extiende como mancha de aceite, parece no tener límites. Los POT, que en los centros urbanos del Valle de Aburrá apuestan por una ciudad compacta y en los de su entorno declaran la voluntad de fortalecer la economía rural, permiten y algunas veces promueven la ocupación de las zonas rurales con urbanizaciones campestres o semicampestres propias de un modelo de ciudad difusa, que alteran de manera grave las condiciones ambientales del territorio y desplazan las actividades productivas de estas subregiones, lo que genera un alto impacto económico, social y cultural en la región central de Antioquia.

Es necesario ahora dar el paso a la planificación y gestión de la “Ciudad Región” entendida como una red de centros urbanos de excelente calidad que sirven al conjunto de una región dinámica y competitiva y no como el suburbio dormitorio e improductivo que nos muestra la tendencia actual.
Sobre el mismo tema ver en la Revista Soluciones de Postgrado EIA, número 3 (enero 2009) el artículo “La expansión urbana sobre las periferias rurales del entorno inmediato a la ciudad metropolitana”.

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