14 de diciembre de 2009

En tiempo de Navidad

La ciudad florece en diciembre. Se encienden millares de luces que cubren calles, plazas, casas y edificios; en las vitrinas relucen nuevas mercancías de una variedad sin fin; la diversidad de colores y tonalidades llena el horizonte de la mirada; la música ruidosa y alegre alcanza hasta los más ocultos rincones.

Enmarcada en el azulado cielo y el ardiente sol, la gente se mueve en densas oleadas que inundan los espacios; y, aunque los problemas prevalecen, el jolgorio cautiva y en el aire se respira un espíritu distinto, un sentimiento del tiempo de navidad.

Desde niño he sentido especial atracción por diciembre y en mi mente fluyen aún gratos y dulces recuerdos de tantas alegrías y momentos felices que me hacen desear que llegue este mes y su festivo ambiente. Es la fiesta más grande de nuestro pueblo y la más espontánea y auténtica que da expresión a los mejores sentimientos al culminar el año con todos los esfuerzos, alegrías y dolores.

Pero es también un espacio para la reflexión sobre tantas cosas que uno encuentra en su diario vivir como persona, ciudadano, trabajador o directivo.

Por eso hoy, en este tiempo de navidad, quisiera que fuera un deseo común encontrar en nuestra sociedad más sinceridad con transparencia y prudencia, mas no verdades a medias para denigrar o verdades para agredir a otros en beneficio personal.

Encontrar la justa prudencia que guíe las opiniones y acciones frente al desenfreno de voces ligeras y actos irresponsables.

Solidaridad en las causas nobles, de ideas y personas, sin temor al compromiso que demanda actuar en forma coherente; y como expresión de generosidad con quienes más requieren de ayuda tanto material como moral.

También lealtad, fidelidad y respeto a personas e ideas que lo merecen, así como a las instituciones en las que se estudia o trabaja, pues duele la forma en que algunos se refieren a ellas amparados en la hipocresía y el anonimato.

Agradecimiento a los que hacen algo por uno o por los demás, valor tan escaso que es más fácil destacar la ingratitud.

Hasta Jesús se lamentó de esto luego de curar a diez enfermos y que solo uno de ellos le agradeciera.

Y perseverancia, sin temor a las dificultades, para luchar con tesón hasta alcanzar las metas, en especial aquellas de largo plazo, sin dejarse tentar por el brillo de los éxitos pasajeros.

Este deseo demanda tener clara conciencia de no caer en la hipocresía, que se ampara detrás de la cobardía, de quienes no dan la cara por sus actos; ni en la ambición que enceguece el alma y la mente hasta el punto de pisotear a otros por lograr algún fin.

Ni tampoco en la calumnia y la difamación, hoy tan extendidas mediante el uso indebido de los medios informáticos, que padecen en forma cruel personas e instituciones.

Ni ser uno de esos jueces implacables de las opiniones y actos de los demás, a los que poco o nada les parece bien, encuentran defectos en todo y son incapaces de valorar el esfuerzo y el mérito de otros.

Es tiempo apropiado para reflexionar y cambiar, si es del caso, la actitud ante la vida, la familia, la organización donde se trabaja y la sociedad; de dar gracias por tener lo necesario; de reconocer los auténticos valores; de ser sincero, prudente, constructivo y respetuoso al opinar de los demás.

Es una forma de aportar un poco más a la construcción de un mejor sitio donde vivir y hacer digno el pertenecer a una sociedad. ¡Si solo en mis manos estuviera, sería mi regalo de Navidad!

Artículo publicado en El Colombiano, 14 de diciembre de 2009

3 de diciembre de 2009

María

María nació en Quibdó hace 33 años. Es muy callada, entonces algunos piensan que es muda. Cuando habla es difícil entenderle, por eso algunos piensan que es de otro país. Trabaja en mi casa y su principal responsabilidad es cuidar nuestros hijos mientras trabajamos.

Nuestra familia está compuesta por dos adultos y dos niños menores de 10 años. Los padres somos profesionales con posgrado y ejercemos nuestras carreras; nuestros hijos son alegres, sanos, inteligentes y estudian en el mejor colegio de la ciudad. En nuestra casa se vive sin lujos pero se disfruta un ambiente de cultura y de conocimiento, con acceso a las tecnologías de información y comunicación de última generación. Los cuatro somos nativos digitales.

María estudió primaria en Quibdó y comenzó secundaria en Medellín. Tuvo que abandonar sus estudios cuando nació Kelly, su hija mayor. Su esposo siguió su propio camino y ella se convirtió en cabeza de familia. Hace cinco años conoció a Juan Carlos, otro chocoano que trabaja en la construcción, con quien formó familia el año pasado. Hace dos años María y Juan Carlos tienen casa propia, la construyeron juntos gracias a un préstamo con COMFAMA y las cesantías de sus empleos. El lote lo compraron en Villatina, con acceso a servicios públicos. Lo mejor del sector es que queda cerca del resto de su familia chocoana. El sueño de Juan Carlos era tener hijos con María y se cumplió en marzo de este año cuando nació Michelle. Ahora la madre de María vive con ellos y cuida ambas niñas mientras sus padres trabajan. Kelly estudia en un colegio del Municipio de Medellín y no ha perdido ningún año.

Nosotros también vivimos en casa propia, gracias a un préstamo bancario, también disfrutamos los mismos servicios públicos de calidad y lo mejor del sector que escogimos es que queda cerca de nuestra extensa familia, de nuestros empleos y tiene fácil acceso al colegio de los niños.

María y nosotros estamos afiliados a la misma EPS y tenemos el mismo fondo de pensiones y de riesgos profesionales.

En noviembre del año pasado, a Juan Carlos lo apuñaleó un paisa durante una discusión y no puso denuncia alguna. María tenía seis meses de embarazo y lo cuidó en la clínica hasta que se recuperó. Hace tres meses se volvieron a encontrar agredido y agresor y cambiaron de papel… Juan Carlos apuñaleó al paisa. Ahora Juan Carlos espera su condena en la cárcel, mientras María se las arregla para seguir su vida, otra vez como cabeza de familia, pero ahora con dos hermosas niñas.

Es imposible trabajar con María sin sentir admiración por su fortaleza personal. Nunca ha perdido la calma, ni en las peores circunstancias. No se queja de su condición, inclusive se considera afortunada. Siempre sonríe, siempre está alegre. No habla mucho de los demás, pero cuando lo hace siempre es con elogios, nunca le hemos escuchado una crítica. Siempre está disponible para apoyar a quien la busca, siempre.

Cada día, al afrontar los problemas y dificultades propios de nuestros empleos, pensamos en María. El contrastar sus dificultades con las nuestras nos mejora la perspectiva. Cada noche, al orar con los niños, agradecemos a Dios por lo que nos ha dado y agradecemos también por tener el apoyo de María.

Al final de los días, cuando Dios haga su juicio, sé que María sacará mejores notas que nosotros, pues con tan poco logró tanto, porque jugó con casta, porque siempre fue superior a sus circunstancias, porque sin decir una palabra, con su ejemplo, nos transformó.

Sin duda María es la mejor maestra de vida que he tenido.

27 de noviembre de 2009

La educación integral: asunto de todos

"La meta final de la verdadera educación no sólo es hacer que la gente haga lo que es correcto, sino que disfrute haciéndolo; no sólo formar personas trabajadoras, sino personas que amen el trabajo; no sólo individuos con conocimientos, sino con amor al conocimiento; no sólo seres puros, sino con amor a la pureza; no sólo personas justas, sino con hambre y sed de justicia."
John Ruskin (1819 - 1900)
Crítico, escritor y sociólogo británico.


Los espacios educativos son permanentes y llenos de significados. La familia, la institución educativa, la sociedad, el mundo laboral, el tiempo libre, los medios de comunicación y el individuo mismo son un poderoso vector de educación. Cada uno de estos espacios de encuentro y relación, según el momento de la vida en el que se encuentre un individuo, adquieren un carácter importante, vital y trascendente en la formación humana.

En esta materia y en algún momento, todos somos educadores y educandos. El esfuerzo debe ser que los actores implicados, cada uno en su contexto o ámbito, deben tomar consciencia y asumir de forma responsable y coherente el papel que le corresponde.

La familia educadora debe seguir participando ampliamente en la estructuración de las expectativas de los hijos, de sus intereses, valores, interpretación y lecturas del mundo y la vida. Porque educar y formar a un hijo es mucho más que traerlo al mundo y alimentarlo: Es enseñarle a vivir y ayudarle a buscar los caminos que hagan su vida digna, noble y justa. Esta función básica y esencial de ser una institución educadora de los hijos, ha sufrido modificaciones en las familias modernas al excluir, en gran medida, su responsabilidad y recargar la labor en las escuelas o instituciones educativas, olvidándose de que éstas son el complemento y contribuyen a lo que se ha comenzado en el hogar.

Si bien es cierto que la educación es una tarea de toda la vida y que son muchos los actores y ámbitos que contribuyen a ella, una tarea especial le corresponde a la institución educativa, explícitamente concebida, para generar posibilidades de formación. Esta tarea tiene que ver con el tema de la formación integral; este calificativo implica, además, que se especifica el sentido de la formación del ser, del individuo en todas sus dimensiones. Le corresponde a los adultos, profesores, directivos y empleados, que sean inspiradores de valores y virtudes, que sean diáfanos y coherentes en su obrar y que cultiven a través del ejemplo el amor a lo bueno, bello y justo, en medio de este mundo contemporáneo en donde priman los excesos de velocidad, de información recibida por los medios más variados, de la realidad virtual, de nuevas formas de diversión, de moda, de música, de violencia, de amor, entre otros.

Es indudable que el reto del siglo XXI sea la reconquista del espíritu del ser humano que parece hipnotizado por un mundo acelerado. La institución educativa tendrá que hacer mayores esfuerzos en esa búsqueda para lograr hombres y mujeres que sepan combinar lo humano, lo tecnológico, lo social y lo espiritual, para dar un nuevo significado a todos los avances científicos, culturales y a la riqueza material que surge día a día.

Las reflexiones sobre este tema no están culminadas y deben ser permanentes; por fortuna, hoy más que antes, hay una mayor consciencia del maravilloso potencial de los jóvenes para construir el cambio y aportar al mejoramiento de nuestra sociedad.

13 de noviembre de 2009

Ciencia y tecnología para el desarrollo: ¿responsabilidad de quién?

El mundo entero se moviliza en busca de respuestas a un futuro en el que la Ciencia, la Tecnología y la Innovación juegan un papel fundamental. La declaración final de la reunión mundial de Educación Superior Unesco 2009 destaca la importancia de la responsabilidad social que deben asumir las instituciones de educación superior en su papel transformador, y la ciencia y la tecnología como un elemento que se debe trabajar en respuesta a las necesidades de la sociedad, en procura de una mejor calidad de vida y un desarrollo sostenible.

En Colombia, el nuevo esquema de medición de grupos de investigación de Colciencias, la aprobación de la nueva ley de Ciencia y Tecnología y el consecuente cambio de Colciencias a Departamento Administrativo para fortalecer la institucionalidad y el Conpes 3582 que plantea lo que se espera lograr en términos de aplicación de la política de Ciencia y Tecnología, son una evidencia de los avances y el compromiso del país por darle fuerza a este aspecto como uno de los fundamentales para aportar al desarrollo. Adicionalmente, este año fue declarado como el año de la educación para la innovación y la competitividad, en el que se invita a la comunidad educativa a reflexionar sobre su contribución a la construcción de un país más próspero.

Para incrementar el desarrollo científico, tecnológico y la innovación en Colombia se requiere de un mayor aprovechamiento del talento, el cual debe formarse con calidad y de forma permanente; de la vinculación participativa de la sociedad, en la que se incluyen los individuos y todas las organizaciones que aportan a su desarrollo; de la exaltación de valores profesionales y éticos de los individuos; y del compromiso de todas las instituciones de poner sus conocimientos al servicio de la sociedad.

Las iniciativas estatales orientan, las instituciones de educación superior crean conocimiento y forman talentos, y las empresas aplican ese conocimiento, pero esto no basta para que se llegue a la transformación social. La prosperidad de una nación se basa en gran parte en la formación y la información de su gente, además de la calidad de sus científicos. La adaptación rápida a los cambios tecnológicos es indispensable para el mejoramiento continuo del sistema, y esto requiere un desarrollo permanente de nuevas competencias de las personas que deben aplicar esos nuevos desarrollos y de su propia consciencia de esta necesidad.

Esto implica que el desarrollo de capacidades en ciencia y tecnología no es una tarea exclusiva de los científicos, sino una responsabilidad en la que todos los miembros de la sociedad tienen un papel importante; es indispensable que la población tenga una sensibilidad hacia los productos de la ciencia, hacia su terminología y que entienda lo que es, lo que pretende y lo que a cada uno puede o debe aportarle.

Es así como otro reto que se le plantea al Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Colombiano consiste en lograr que la ciencia forme parte de la vida cotidiana de toda la población, de forma tal que se aumente la valoración de producir, adaptar, transformar y usar el conocimiento. La posibilidad de que la Ciencia y la Tecnología se conviertan en un elemento impulsador del desarrollo se cimienta en una apropiación social que garantice un compromiso de todos hacia la construcción de un futuro mejor.

Y ¿cuál es ese futuro deseado? Las respuestas deben ser buscadas en un marco de cooperación ética y responsabilidad desde cada uno con la sociedad que nos acoge. Se trazan y se proponen caminos y metas; el futuro se piensa desde las organizaciones mundiales, el estado y las instituciones, pero ¿cómo nos ubicamos como individuos en ello? ¿Qué responsabilidad estamos asumiendo para construir ese futuro?

2 de noviembre de 2009

Transformación Empresarial

Un aspecto de gran importancia para nuestro futuro es la definición de la vocación económica, de tal forma que permita orientar las acciones gubernamentales y privadas para impulsar el crecimiento económico del país en términos de desarrollo equilibrado y sostenible, generar nuevos empleos de calidad, reducir en forma notoria la miseria y la pobreza y, en consecuencia, mejorar en forma ostensible la calidad de vida.

Esta columna ha hecho mención al tema en varias oportunidades desde hace cinco años y ha analizado asuntos estrechamente relacionados como la educación de calidad; el fortalecimiento de la ciencia, la tecnología y la innovación pertinentes; el desarrollo de la infraestructura física adecuada, especialmente de transporte; y la inversión necesaria para la creación de nuevas empresas y de nuevos productos y servicios.

Si bien este es un reto de la sociedad en su conjunto, la responsabilidad recae, en primera instancia, en quienes ostentan los máximos cargos gubernamentales y la dirección de las principales empresas, a los cuales deben sumarse, en lo pertinente, directivos académicos y de otras organizaciones representativas de la comunidad.

En la primera mitad del siglo XX se crearon gran parte de las empresas que jalonaron el desarrollo del país, con notoriedad en Medellín. Algunas de ellas son hoy grandes empresas que se han adaptado a los fuertes cambios, otras desaparecieron o emigraron y varias sobreviven con angustia aunque vivieron un pasado glorioso.

Estos hechos pueden analizarse desde diversas ópticas y soportarse en significativas estadísticas y en interesantes crónicas de la historia empresarial; pero su efecto puede palparse a simple vista en el desempleo que ronda día tras día en las calles de la ciudad y que es fuente de numerosos problemas personales, familiares y sociales que no solo degradan la dignidad del ser humano sino la calidad de vida en general de la comunidad, que actúa como un pesado lastre para el propio desarrollo.

Por eso, se reitera la importancia de definir pronto nuestra vocación económica, de crear nuevas empresas y empleos con mayor valor agregado en los sectores estratégicos y de transformar las empresas tradicionales para que respondan al mundo actual; y esto no es un problema exclusivo de unos cuantos gobernantes, empresarios, inversionistas o académicos, pues si bien las decisiones recaen en unas minorías, su efecto impacta al conjunto social.

Las empresas del Grupo Empresarial Antioqueño –GEA– y Empresas Públicas de Medellín representan un peso significativo en la economía de nuestra región, por lo que sus decisiones y retos empresariales tienen una connotación especial, así no deba limitarse solo a ellos. Las empresas líderes del GEA se han consolidado en el mercado nacional, han fortalecido sus negocios estratégicos y han avanzado en los procesos de globalización e internacionalización sin desplazar su centro de decisiones, pero quizás deberían ahondar en análisis prospectivos para identificar nuevos negocios, como el interesante proceso de Colinversiones –y de Argos– en el sector energético.

EPM, por su experiencia, conocimiento y capital acumulado debería potenciar con mayor velocidad el desarrollo en agua y energía limpia en las que el país tiene una gran riqueza subutilizada. Además, favorecer la creación de mallas de valor asociadas con la educación especializada de alto nivel y con la investigación e innovación tecnológica en esos temas; y fortalecer e impulsar la creación de nuevas empresas de consultoría, construcción y producción de bienes servicios que demandan esos sectores.

La Administración Municipal avanza en propuestas para la ciudad y algunas empresas responden a los cambios, pero, sin sacrificio de la racionalidad, la magnitud de los retos demanda cambios disruptivos y actitudes más decididas para transformar nuestro sistema productivo y avanzar apreciablemente en la construcción de esa nueva sociedad.

Artículo publicado en El Colombiano, 2 de noviembre de 2009

26 de octubre de 2009

A propósito del año internacional de la astronomía.

Este año se conmemoran 400 años desde que Galileo Galilei mirase a través de un telescopio las malformaciones de la Luna. El telescopio se había inventado muy poco antes, pero fue él quien lo utilizó por primera vez para fines astronómicos, observando una gran cantidad de fenómenos que cambiarían por siempre la historia de la humanidad: nos dimos cuenta de que la Tierra no era el centro del universo, que no éramos para nada especiales.

Desde aquel momento se han dado una gran cantidad de acontecimientos en la astronomía y en la cosmología en el que el papel desarrollado por el telescopio ha sido fundamental. En 1929, Edwin Hubble descubrió que las galaxias se alejan unas de otras, y que entre más alejadas estén más rápido se alejan. Este simple hecho fue la primera evidencia de la expansión del Universo.

Casi 40 años después, Arno Penzias y Robert Wilson descubren por accidente por medio de un radiotelescopio una extraña señal de radio que siempre estaba presente en sus experimentos. Resulta que la extraña señal, conocida como radiación cósmica de fondo de microondas, resultó ser la prueba experimental de la teoría de La Gran Explosión o Big Bang. Esta radiación se interpreta como el eco de aquella gran explosión. Un poco más reciente, el telescopio espacial Hubble nos ha permitido ver imágenes de las galaxias más remotas, ha confirmado la existencia de planetas alrededor de estrellas lejanas y de la existencia de un agujero negro en el centro de nuestra galaxia y en muchas otras, entre otros descubrimientos.

Desde principios de siglo, el satélite Wmap de la Nasa, ha estado realizando una serie de medidas, cuyos resultados han sido fundamentales a la hora de comprender el universo en el que vivimos. Resulta que si sumamos toda la masa de las estrellas y de todos los cuerpos visibles conocidos hasta hoy, el resultado solo representa el 4% de toda la energía que posee el universo. Y lo sorprendente no sólo es ese insignificante 4% de materia visible, es el restante 96% de energía faltante que no se sabe de dónde sale, donde está, o simplemente qué es. A través de los resultados de Wmap se pudo establecer que ese 96% de energía se compone de un 22% de una sustancia conocida como materia oscura (sustancia completamente diferente a los átomos con los cuales estamos compuestos nosotros y todo lo que conocemos a nuestro alrededor) y por un 74% de algo denominado energía oscura. En 1998, un par de grupos de astrónomos descubrieron que es esta energía oscura la que hace que nuestro universo no sólo se expanda sino que se expanda aceleradamente. Como sí faltara poco, gracias a Wmap hoy sabemos con una precisión de 99% que la edad del universo es de 13700 millones de años y que éste posee una geometría plana.

En astronomía y cosmología se estudian objetos y distancias enormes como son las galaxias, pero éstas a la vez están constituidas por partículas cuyas dimensiones, por decir lo menos, son del tamaño del átomo. Debido a esto, en este momento la comunidad de astrónomos está impaciente debido a la entrada en operación del gran acelerador de partículas LHC en noviembre próximo, diseñado para recrear el universo cuando apenas tenía una billonésima de segundo de edad. Con el LHC se pretende, entre otros objetivos, encontrar respuestas al problema de la materia oscura y determinar la posible existencia de dimensiones adicionales a las tres que conocemos: arriba-abajo, izquierda-derecha y atrás-adelante. Por otro lado, en la próxima década comenzará a funcionar el nuevo telescopio espacial James Webb, los telescopios terrestres GMT, TMT y E-ELT con lentes de 25, 30 y 42 metros de diámetro respectivamente, que buscarán captar los objetos más antiguos y distantes de nosotros, con el fin entender mejor el origen y evolución del universo.

Gracias a todo el esfuerzo científico y tecnológico realizado a través de la historia, hoy tenemos un conocimiento invaluable acerca de la evolución del universo. Y en este momento, estamos pues ante una serie de posibles descubrimientos en los años que vienen que podrían cambiar aun más nuestra forma de ver el universo y de cuál es nuestro lugar en él.

19 de octubre de 2009

¡OTRA VEZ ELIMINADOS!

Por tercera vez, y en forma consecutiva, nuestra selección nacional de fútbol ha quedado eliminada del evento deportivo que, junto a los juegos olímpicos, mueve las mayores multitudes en el mundo y despierta las más fuertes pasiones. Aunque el torneo se realizará a mediados del año entrante, los procesos de clasificación que ahora culminan, calientan el ambiente con anticipación por la expectativa de conocer los 32 seleccionados que participarán; mientras en los países eliminados, como es nuestro caso, se desatan los lamentos, las críticas y las “crisis”.

No serán pocas las páginas que se escribirán en nuestro país sobre el tema ni escasas las horas de programas radiales y de televisión que se dedicarán a comentarios en todos los tonos, estilos y visiones, fiel reflejo de la misma diversidad e intereses. Si bien hay quienes aborrecen el fútbol o son indiferentes, no puede desconocerse el papel e impacto social que tiene éste en nuestro medio, razón que, además del gusto personal por este deporte, motiva esta columna.

Lo primero que puede decirse es que la eliminación no ha sido una sorpresa para la gran mayoría, porque no fue debido a un mal resultado de uno o dos partidos de la selección, sino, más bien, la consecuencia lógica de la estructura misma del fútbol colombiano. La clasificación definitiva de la zona suramericana muestra que hubo un grupo superior formado por Brasil, Chile y Paraguay; un grupo mediocre del que hacen parte Uruguay, Colombia, Ecuador y Venezuela; y un grupo muy deficiente de Perú y Bolivia; Argentina quedó en un limbo, más cerca de los mediocres que de los buenos, pero con la posibilidad de recomponerse y ser el equipo que debe ser.

Así suene a frase de cajón, las crisis son oportunidades y el reto es superarlas, tal como se cultiva desde la academia y se asume en empresas y diversas organizaciones sometidas a duras crisis en medio de la incertidumbre que caracteriza el mundo actual. Y, por el bien general, es en esta dirección que ojalá los dirigentes del deporte, y del fútbol en particular, sepan actuar para conducir las aguas por el cauce apropiado.

Sin quitar el espacio ni el derecho individual a expresar las ideas y a dar las explicaciones sobre la eliminación de Colombia, se requiere que los dirigentes de la Federación y los directivos del fútbol profesional colombiano, asuman con seriedad la tarea de evaluar la estructura general del fútbol en forma integral y como un sistema. Lo conveniente es no caer en discusiones simplistas, desviadas de lo fundamental y alimentadas más por las pasiones y protagonismos que por las razones, como tantas veces suele suceder; pues, así, se termina por ignorar la esencia del problema y se emprenden algunos cambios aislados con escaso impacto, para continuar por el viejo camino tantas veces recorrido.

Este proceso requiere convicción de los directivos en un ejercicio responsable de autoevaluación metódica y estructurada, con apoyo de expertos en este proceso, ojalá con la participación de académicos que nutran esa organización, para que ahonden en la revisión de todos los elementos que hacen parte de ese sistema y que incluya el propio torneo colombiano; porque ha sido evidente que hay buenos jugadores y que algunos técnicos y dirigentes pueden conducir a éxitos parciales, pero sin estructura ni unidad.
Como alguna vez se expresó en esta columna, el fútbol no le pertenece a los directivos ni a los dueños de los equipos profesionales, es un patrimonio social. Y ellos deben atender a la responsabilidad social que les corresponde, por encima de sus intereses particulares. ¡Y ya es hora de que lo hagan bien!
Artículo publicado en El Colombiano, 19 de octubre de 2009.

6 de octubre de 2009

Exploración de la gestión urbana

La práctica urbanística se ha transformado significativamente, en algunas ciudades colombianas gracias a la renovada importancia dada a la ciudad, desde la definición de la Política Urbana del Salto Social, Ciudades y Ciudadanía (Ministerio de Desarrollo, 1996) y la posterior expedición de la ley 388 de 1997, pero muy especialmente como respuesta a los nuevos retos del desarrollo económico y social impuestos por la globalización, retos en que las ciudades y regiones cumplen un papel protagónico.
Los cambios de mayor impacto y más visibles al ciudadano, en el caso de muchas ciudades del mundo occidental, entre ellas Medellín, se han dado por la aplicación sistemática del “Proyecto Urbano” como instrumento de gestión para la transformación de la ciudad, entendido como una actuación pública integral, de carácter estratégico, vinculada a una visión global o imagen de ciudad, y por lo tanto a objetivos de desarrollo. La reciente y exitosa transformación de Medellín responde a la ejecución de proyectos de este tipo, bien identificados, formulados y ejecutados, logrando alcanzar, sin lugar a dudas, los objetivos propuestos.
Es imperativo ahora dar nuevos pasos adelante en la planeación y gestión del territorio, en dos campos de vital importancia para el logro de objetivos de ciudad y territorio:
1. El paso de la práctica urbanística cuyo objeto es la ciudad, al ordenamiento sostenible del territorio regional, que tiene como prioridad, entre nosotros, la planificación y gestión de la ciudad región conformada por la gran ciudad metropolitana del valle del Aburrá y las subregiones del entorno inmediato.
2. El desarrollo y aplicación de los instrumentos de gestión urbana establecidos en la ley 388/97.
En esta ocasión se hará referencia a este segundo reto. El otro tema será objeto de una reflexión posterior
A pesar de los grandes avances mencionados en proyectos urbanos que han logrado significativas transformaciones en ciudades colombianas, poco se ha avanzado en nuestro medio en la utilización de los instrumentos de gestión urbana que permiten no sólo que los recursos para la financiación del desarrollo urbano se obtengan de las plusvalías generadas por el mismo desarrollo urbano, sino que la gestión del territorio se dé mediante la participación conjunta de sectores públicos y privados y se logre la distribución equitativas de las cargas y beneficios.
Avanzar en este proceso es tarea de todos: el Estado, la empresa, la academia y la comunidad.
La Escuela de Ingeniería de Antioquia, como institución educativa que cuenta entre sus programas de postgrado con una especialización en Gestión y Procesos Urbanos que, como su nombre lo indica, tiene una clara orientación hacia la gestión urbana y territorial, quiere ser actor protagónico en el proceso de abrir el camino hacia la utilización y desarrollo de los instrumentos de ley. Consecuente con este propósito, el plan de estudios de la especialización tiene una de sus líneas orientada a este tema.
El título de esta reflexión, Exploración de la gestión urbana es ahora el propósito implícito del proyecto de grado que enmarca los estudios de caso de los estudiantes de las dos últimas cohortes. Se trata de que cada estudiante o par de estudiantes seleccione un proyecto urbano debidamente formulado mas no ejecutado, y propongan el sistema de gestión del mismo, mediante un ejercicio exploratorio de la variedad de instrumentos establecidos en la ley colombiana, y otras alternativas novedosas utilizadas en países, de iberoamérica. Así mismo los estudiantes tienen la oportunidad de ser creativos ideando otros mecanismos ingeniosos que permitan superar algunos obstáculos que se presentan en la gestión y ejecución exitosa del proyecto urbano, como de hecho se ha dado en algunos de los trabajos presentados por los estudiantes.
En la exploración realizada por los estudiantes se han utilizado dos instrumentos metodológicos que les facilitan tanto la exploración como la selección de los instrumentos adecuados para el caso y la formulación de la propuesta de un sistema de gestión para el proyecto.

El primero de ellos, la matriz de instrumentos, presenta la gama ofrecida por la ley y otros conocidos, clasificados según se trate de instrumentos de planeación, gestión del suelo y reparto de cargas y beneficios. Este último grupo incluye los instrumentos de financiación tan importantes para garantizar la ejecución de proyectos capaces de producir mejoras sustanciales en la calidad urbana y por ende en el desarrollo y la calidad de vida de la población.
El segundo instrumento, el mapa de procesos, exige del estudiante la identificación de todas y cada una de las actividades necesarias para la ejecución del proyecto y permite visualizar y presentar una visión del sistema de gestión en su conjunto.
Adicionalmente a la exploración hecha por los estudiantes en su trabajo de grado, la especialización en Gestión y Procesos Urbanos quiere invitar a todas las instituciones públicas y privadas interesadas en este tema a hacer parte activa de este proceso exploratorio empezando por su participación en este blog mediante la presentación de ideas, reflexiones y experiencias exitosas.

29 de septiembre de 2009

24 de septiembre de 2009

Cómo se hace una persona cívica

Me ha llamado la atención el editorial de El Colombiano del domingo pasado (20 de septiembre de 2009) que trata acerca de la Encuesta de Percepción Ciudadana, Medellín 2009. Dice en el editorial: “Ser una persona cívica está muy ligado a la educación y a las normas de conducta y urbanidad que recibimos en la casa y en el colegio. Algo tiene que estar fallando en estos dos escenarios para que la percepción en torno a nuestra cultura ciudadana sea tan negativa”. Este comentario distrae y confunde —además de que raya en lo ingenuo— cuando fija en la casa y en el colegio el origen del problema. Estos no son los únicos escenarios desde donde se construye la persona cívica. Se comete un error señalando que se tienen identificados los responsables cuando con ese supuesto descubrimiento se encubren otras causas. Que tal si consideráramos que además de esos escenarios se construye civismo desde los servidores públicos, desde los empresarios, los directivos, los comunicadores, los deportistas, los artistas, los profesionales, etc. Si nos involucramos todos en este asunto dejaríamos de señalar hacia un solo período de nuestra formación ciudadana entendiendo que esa formación es responsabilidad de todos y en todo momento.
Voy a un caso sencillo. Un ciudadano sale de su casa a una cita de trabajo. Espera el bus en alguna parte del recorrido. Pasan los minutos, se aproxima un bus pero no se detiene en ese lugar. El ciudadano se da cuenta que más adelante hay otras personas y que por eso el bus prefiere parar allí donde puede recoger más pasajeros. Se acerca y toma posición en el extremo de la fila. El siguiente bus para en algún lugar cerca del tumulto. La fila se desordena, y el primero es el que más corra hacia la puerta. Uno que otro personaje vocifera por conservar su lugar, más porque nadie se le meta por delante que por mantener el orden. El ciudadano no alcanza a subir al bus y tiene que esperar al que sigue. Llega otro bus y de nuevo la lucha por conservar el puesto, a ver si esta vez alcanza. Empieza a comprender que la mejor opción es también vociferar y correr hacia la puerta por delante de los demás. En el colegio no pasaba eso. La maestra organizaba una fila india y en completo silencio cada estudiante ocupaba el puesto que le había sido asignado desde antes de subir. Pero ya no está esa maestra y ahora cada uno tiene que defenderse como pueda. ¿Quién podría hacerse cargo del orden ahora? ¿El conductor del bus? ¿Algún agente que estuviera en el sitio del paradero organizando la fila? ¿Dónde han quedado las normas del colegio?
Imaginemos ahora qué pasaría si algo de orden se diseñara por los responsables de la administración del transporte. Por ejemplo: que la ruta del bus fuera conocida por medio de un folleto, un mapa o de un sito web en la internet; que estuviera establecido el sitio de paradero y los horarios de parada del bus; que fuera demarcada la forma de hacer la fila en la acera de ese paradero; que el conductor se detuviera en el sitio exacto que corresponde al primero de la fila. ¿Cómo sería el comportamiento ciudadano? De esta manera estaríamos transformando el control del colegio en un control marcado por un nuevo orden establecido por la administración de lo público. Posiblemente no se necesite el agente.
No basta pues con que la educación se lleve a cabo en la casa y en el colegio, tiene que extenderse a toda la sociedad a través de sistemas organizados. Y ¿quiénes son los responsables de construir esos sistemas organizados? ¿La casa y el colegio? Si bien allí se pueden sentar las bases para que los sistemas operen debidamente, la educación tiene que continuar más allá de la casa y del colegio, porque de no ser así sería como soltar esa persona cívica en una selva de sálvese quien pueda donde se pierde todo el civismo en esa lucha por sobrevivir.
Y una pregunta que pudiera incluirse en la próxima encuesta de percepción ciudadana: ¿Por qué cree usted que no se ha diseñado un sistema organizado de transporte público en nuestra ciudad?

15 de septiembre de 2009

LA ESCRITURA REFLEXIVA, UN CAMINO HACIA LA MEJOR GESTIÓN

Durante el proceso de escritura se cristaliza aquella idea que el intelecto moldea, se profundiza en las consecuencias de las propias posturas, se aprende sobre el objeto acerca del que se construye la información y se adquiere compromiso con los demás, con los lectores más inmediatos.

Y deben escribir el maestro, el estudiante, el dirigente, el funcionario. Con la comunicación escrita se conocerán su pensamiento, su actitud y sus intenciones.

La producción de textos escritos permite expresar conocimientos, ideas, sentimientos, creencias; en general, crear y recrear los objetos de nuestro pensamiento. Los propios escritos constituyen el mejor instrumento para desarrollar la función representativa del lenguaje, dada sus características contextuales y formales. Son precisamente estos aspectos los que han dado pie a la función epistémica de la escritura.

La función epistémica hace referencia al uso de la escritura como instrumento de toma de conciencia y de autorregulación intelectual y, en último término, como instrumento para el desarrollo y construcción del pensamiento propio. Y ese es el punto de apoyo para enfatizar que el pensamiento no se transmite con firmeza y compromiso a los demás si no está mediado por la escritura de quien piensa. Otros modos de comunicación flaquean ante la prueba del rigor y la precisión del pensamiento.

Es por ello que los procesos que se utilizan para escribir un texto hacen posible o facilitan el aprendizaje, el desarrollo del conocimiento, la dirección de las organizaciones y la conducción del estado.

Transformar la información percibida en un texto mediante la escritura supone aprender a modificar los conocimientos respecto al tema sobre el que se escribe y a la vez permite mejorar las estrategias discursivas.

Las características formales y de proceso del ejercicio de escribir hacen de la escritura un instrumento peculiar y más poderoso que el lenguaje oral para la construcción y transmisión del conocimiento debido a sus atributos intrínsecos.

En primer lugar, eleva las exigencias en cuanto al rigor y precisión en el uso de términos y palabras, tanto en cuanto a su significado como a la formalidad lingüística, ya que debe acatar las reglas léxicas y sintácticas. El rigor y formalidad que exige la organización del texto en los distintos niveles compositivos (frases, párrafos, textos) suponen un método lógico para la escritura, y de ahí se desprende su función epistémica.

Una segunda cuestión que define el acto de escritura se refiere a la ausencia de un contexto físico y mental compartido entre el escritor de un texto y el destinatario del mismo, a diferencia del lenguaje oral donde los interlocutores comparten espacios físicos temporales y aun un espacio psicológico intersubjetivo.

Este segundo rasgo del proceso de escritura exige que el escritor se vea obligado a ser explícito con las características del contexto en el que tiene sentido su discurso, a detallar sistemáticamente las relaciones y conexiones entre las ideas que pretende trasmitir, con el fin de evitar, en la medida de lo posible, supuestos, implícitos, ambigüedades y confusiones en el lector destinatario del texto. Por tanto, este proceso implica mayor nivel de conciencia y de reflexión sobre el contenido del texto que, una vez publicado, es la vía por la que el destinatario del escrito conocerá con transparencia el pensamiento del autor a la vez que el autor adquiere un compromiso público con su auditorio acerca de las intenciones que se trae, quedan así declaradas las reglas y se propiciará una base segura para las interacciones futuras.

Cuando el dirigente escribe su pensamiento, los integrantes de la organización tienen claro qué hacer para ayudar a cumplir los objetivos comunes. Cuando el funcionario escribe su pensamiento, los ciudadanos se enteran con claridad qué sociedad es la que quiere construir el estado. Cuando el maestro escribe su pensamiento, los alumnos sabrán a dónde se pretende llegar en el curso. Cuando el alumno escribe su pensamiento, el maestro percibe las transformaciones que han ocurrido en la mente de los pupilos y podrá valorar y dar fe del cumplimiento de objetivos.

31 de agosto de 2009

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA DESERCIÓN EN LA EIA

La magnitud del problema de la alta deserción estudiantil de la educación superior en Colombia se aprecia cuando se revisan las estadísticas que la investigación hecha por el Centro de Estudios de Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes obtuvo recientemente. De acuerdo con lo citado por el diario El Espectador en su editorial de junio 4 del presente año, “…la investigación plantea incluso que la mitad de los estudiantes que inician estudios universitarios no los terminan”.

En la Escuela de Ingeniería de Antioquia (EIA) no hemos sido ajenos a este problema, a pesar de que nuestras cifras de deserción están muy por debajo del promedio nacional y de que las causas que el citado estudio encontró como preponderantes en la EIA tienen un peso menor. En nuestro caso, podemos identificar dos razones principales para que la casi totalidad de nuestra deserción se concentre en primer año: en primer término, prácticamente todos nuestros estudiantes nuevos acaban de egresar del colegio y, debido a su juventud e inmadurez, algunos de ellos todavía no tienen muy bien definida su vocación hacia la Ingeniería. En segundo término, la gran mayoría de asignaturas de este primer año son de Ciencias Básicas para Ingeniería (Matemáticas, Física, Química). Su dificultad inherente y el nivel de exigencia de la EIA hace que algunos estudiantes no obtengan los resultados esperados, se desmotiven y terminen dejando la Institución.

Debido a lo anterior, es comprensible que nuestros mayores esfuerzos para evitar la deserción se orienten a dar apoyo académico a los estudiantes de primer año. Sin embargo, siempre nos hemos preguntado en qué medida logramos llegar a los estudiantes que más necesitan el apoyo o, en otras palabras, si gracias a nuestros esfuerzos logramos retener a todos los estudiantes que, teniendo una verdadera vocación hacia la Ingeniería, empiezan sus estudios con marcadas deficiencias y vacíos.

En el primer semestre de 2007 quisimos ir más allá en estos programas de refuerzo y le planteamos a la Institución un proyecto de apoyo académico en Matemáticas, que partía de un diagnóstico de los estudiantes y contaba con mecanismos de supervisión y orientación académica que, esperábamos, nos permitieran llegar en el momento apropiado a los más necesitados de apoyo. La EIA aprobó el proyecto y nos dio todo el soporte necesario. Tuve oportunidad de coordinarlo y me permito describir brevemente cómo funcionó.

Con base en los resultados del 2006 de los estudiantes de primer año, el profesor Jorge Obando diseñó un modelo estadístico que asignaba la probabilidad de ganar una asignatura según el resultado de la respectiva área en el examen de Estado (ICFES).
En la primera semana de clases se realizó una encuesta sobre hábitos de estudio.
Aprovechando que en el primer año en la Escuela no sólo se programan con antelación los exámenes parciales y finales sino también las pruebas cortas o quizzes, cada lunes en la mañana, tiempo en el cual no había programadas clases, realizamos actividades de refuerzo de las asignaturas de Matemáticas cuyos quizzes se iban a llevar a cabo en esa semana. Estas actividades se realizaron usando material distribuido previamente entre los estudiantes.
Al principio del semestre, se invitaron todos los estudiantes a asistir, pero a medida que el semestre transcurría, se personalizaron las invitaciones y se convocaron los estudiantes que más necesidad tenían de estos refuerzos.
En cada sesión de trabajo se registró la asistencia.

De esta experiencia, destacamos algunas cifras: un 23% de los estudiantes asistió a la mitad o más de las sesiones de trabajo programadas. De los estudiantes que, según nuestro diagnóstico, tenían una probabilidad de perder Cálculo Diferencial mayor o igual a 0,5 y que, sin embargo, ganaron la asignatura, 17% de ellos fueron asistentes frecuentes al programa. Para la asignatura de Lógica y Álgebra, esta cifra fue del 15%. La encuesta sobre hábitos de estudio confirmó que la mayoría de estudiantes dedicaban en el colegio poco tiempo a la preparación de los exámenes.

Estas cifras demuestran que, no obstante los esfuerzos, no siempre se logra llegarles a tiempo a los estudiantes más vulnerables. Lo ideal sería que una vez que se va configurando el fracaso en primer semestre, usualmente en la mitad y después de los exámenes parciales, se pudiera detener el proceso e incorporar a esos estudiantes en un programa de nivelación que incluyera el desarrollo de adecuadas técnicas de estudio. Sin embargo, no es fácil para una universidad tener tal flexibilidad que le permita ofrecer una opción como la planteada aquí. De todas maneras, aunque los procesos de maduración toman su tiempo, siempre debe existir una exigencia creciente a los estudiantes y la consiguiente respuesta por parte de ellos. Si en un tiempo prudente no se genera este proceso virtuoso, es mejor que el alumno abandone la universidad.

21 de agosto de 2009

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL, “CONSTRUCCIÓN DEL FUTURO DESDE HOY”

Actualmente en Colombia en todos los medios se habla de responsabilidad social. ¿Qué es y en qué consiste realmente?, ¿qué implicaciones tiene para las empresas, las organizaciones y la sociedad en general?, estas son las preguntas cuyas respuestas se deben construir, dado que el tema no falta en ninguna conversación, ponencia y hasta publicidad, como indicador de la conciencia que se requiere en la construcción de un mundo sostenible.
Existen muchas razones para hablar de responsabilidad social, sin embargo, algunas de ellas son cosméticas y desvirtúan su importancia, por tanto, la invitación es a que se considere asunto de reflexión ciudadana a partir de preguntas como: ¿Existe diferencia entre ser responsable y hacer actividades responsables (servicio social)? ¿Por qué, aunque parece obvio el significado, no se logran acuerdos para que sea el objetivo común de la sociedad?
En el presente artículo se propone la responsabilidad social como característica de la construcción de futuro, porque tanto si se considera como instrumento, o como motor, o como estrategia, podría afirmarse que es un distintivo de la calidad, entendida como proceso de mejoramiento permanente, que permitirá la transformación social que tenga como objetivo el desarrollo, que no se ha obtenido al considerar que es únicamente crecimiento económico.
Se encuentran tantas definiciones de Responsabilidad Social RS como autores y cada quien pretende darle alguna identidad, pues parece que lo importante es la diferencia y no los elementos comunes que permiten el entendimiento, por eso se encuentran Responsabilidad Social Empresarial RSE, Responsabilidad Social Corporativa RSC, Responsabilidad Social Universitaria RSU, Responsabilidad Social Organizacional RSO, responsabilidad social integral o simplemente Responsabilidad Social RS.
Si es RSE se incluye a pequeñas y medianas empresas; si es RSC se tiene como intención enfatizar que no sólo se atiende el aspecto social; si es RSU es porque existe la necesidad de distinguir la educación de cualquier otra relación que se dé en la sociedad, hasta se encuentran quienes insisten en diferenciar la responsabilidad social de la universidad pública de la privada. Cuando se habla de responsabilidad integral se confunde con la gestión integral de calidad, y si sólo se denomina responsabilidad social RS, por lo general, se acoge como responsabilidad individual hasta encontrar quienes la califican como responsabilidad social personal. De lo anterior podría pensarse en un nombre que responda a cualquier sistema social donde comprometerse solamente redunde en el beneficio general.
¿Qué hay detrás de la RS, con apellido o sin apellido? Ante todo la RS se refiere a un comportamiento ético y consiste en asumir voluntariamente de manera seria, decidida y clara el efecto, positivo o negativo, de las decisiones, donde prime el interés colectivo.
En el actual mundo de puertas abiertas, la ONU propone unos mínimos comunes universales por los que se debe trabajar sin excepción, estos son: los derechos humanos, el respeto por el medio ambiente (desarrollo sostenible) y la convivencia (relaciones con la comunidad), los cuales se encuentran expresados en las metas del milenio, acogidas por un gran número de países y el Pacto Global acogido por gran cantidad de empresas, lo que da pautas para la construcción de un mundo mejor para todos.
Para pasar del discurso a la práctica hay que ser consciente de que la RS involucra conceptos de gran trascendencia como desarrollo, libertad, solidaridad, filantropía, valor social, valor económico, capital social, principios y valores, calidad, ETICA, tendencias mundiales; todos en permanente discusión y en los cuales se requieren acuerdos, pues como ejemplo, aceptar que solidaridad es “la adhesión circunstancial a la causa de otro”, como aparece en el Diccionario de la Real Academia Española, da lugar a acciones muy limitadas (“cuando haya un terremoto”).
Cada organización (familia, empresa, corporación, universidad, ONG) debe ser consciente de su impacto en la sociedad, tener capacidad de autocritica, ya que incorporar la Responsabilidad Social al comportamiento diario, a la manera de ser, implica gestionar cambios, puesto que ser responsable consiste en:
1. Comunicar los logros y fracasos ante la sociedad de manera transparente.
2. Dar respuesta a las expectativas de dicha sociedad (responsibility).
3. Rendir cuentas (accountability) a sus grupos de interés (stakeholders).
4. Generar opciones de desarrollo o empoderar, esto es, brindar posibilidades de autogestión, eliminando la dependencia social de las comunidades con las que se relaciona.
Es importante anotar que cada organización debe definir, de acuerdo con su objeto social, con sus objetivos, con sus fortalezas en qué enfocar sus esfuerzos, considerando el enfoque como el primer paso de la gestión del cambio.
La RS no es una camisa de fuerza, todo está por hacer y debe empezarse hoy. Es una construcción colectiva, en la cual la colaboración acelera el proceso.
Rubén Darío Hernández Pérez, Escuela de Ingeniería de Antioquia
30 de julio de 2009

14 de agosto de 2009

LOS EXCESOS DE LAS CRISIS FINANCIERAS*


La reciente hecatombe financiera se puede concebir como el resultado de la evolución de varios factores estructurales e interrelacionados que han representado los excesos típicos de otras crisis. Las debacles financieras tienden a registrar varios aspectos que las identifican; suelen tener por lo menos una burbuja especulativa en algún activo movida por la exuberancia irracional de los inversionistas y especuladores, que creen en las valorizaciones perpetuas y actúan sobre apalancados por un mercado crediticio hiperlíquido, con sus reglas de valoración de riesgos relajadas y unos mercados financieros con vacíos regulatorios que incentivan a las entidades financieras a crear las famosas bombas de relojería financiera que no son más que productos financieros estructurados con la intención y promesa de lograr una alta rentabilidad a un menor riesgo, apostándole a un mercado subyacente de valorización indefinida.

Igualmente, en las crisis se descubre el comportamiento moralmente irresponsable de muchos de los actores económicos que, conscientes de los altos riesgos financieros contenidos en ciertas inversiones, los asumen basados en los recursos de otros inversionistas a los que son capaces de engañar, o considerando simplemente la transferencia de sus posibles pérdidas a otras instituciones tales como el Estado o compañías de seguros. Esto último es lo que se denomina riesgo moral.

El regreso del sistema económico liberal extremo a partir de los años ochenta ha favorecido la formación de estos desequilibrios, al permitir la aparición de una banca en sombras que se ha desviado de su función original de intermediario, para incursionar con gran ímpetu en la industria de la innovación de productos financieros, lo cual ha inducido a los bancos de inversión a realizar una gestión activa de sus balances en aras de acreditar los niveles de solvencia que le permiten maximizar su apalancamiento, en un sistema financiero pleno de alternativas de inversión. En tal sentido, los bancos de inversión que fueron protagonistas de la crisis reciente crearon filiales en cuyos balances cargaban tanto la compra de las hipotecas que generaron la hecatombe como con su financiación por medio de la emisión de bonos, que aunque estaban basados en esta hipotecas de alto riesgo, lograban artificialmente las mejores calificaciones de las agencias de riesgos, lo cual facilitaba su venta. Esto condujo a un sobre apalancamiento real pero no visible que se puso al descubierto cuando se reversaron los precios de las viviendas en Estados Unidos como consecuencia de una sobre oferta en un mercado que desde hacía varios años estaba sobre demandado.

Estos últimos acontecimientos han recordado lecciones ignoradas de otras crisis; aunque ahora se han generado en un ambiente de mayor innovación financiera, sus características señalan la recurrente necesidad de regular y vigilar con rigor los mercados financieros, en aras de evitar caer en las trampas de la exuberancia irracional que tiene la capacidad de formar peligrosas burbujas financieras, disfrazar y vender los riesgos y generar incentivos de alto riesgo moral, en un ambiente de débil disciplina de mercado para identificar, medir y gestionar los riesgos financieros.

En actualidad hay consenso en que se debe desechar el paradigma de mercados financieros que se autorregulan, conscientes de que el supuesto de actuación racional generalizada de los agentes en que se inspira este modelo y la transparencia de la información con que estos agentes toman las decisiones han quedado plenamente desvirtuados. Inevitablemente se espera que se acepten los comportamientos irracionales de los mercados que describía John M. Keynes y cuya causa la llamaba espíritus animales o emociones más allá de la razón que los gobiernos deben controlar sin tibiezas.

El gráfico de la parte superior sintetiza los excesos de las crisis identificados en el análisis.

*En este ensayo se comparten algunas conclusiones resultantes de un artículo del autor que hace parte del contenido de la Revista Soluciones de Postgrado EIA, edición cuatro, denominado “Lecciones y retos para la postcrisis financiera 2008-2009”.